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Javier del Castillo

Javier del Castillo


Puertas giratorias y otras mamandurrias

11/10/2021

Giran a derecha e izquierda y lo hacen si parar, incluso mucho antes de que fuera aprobada la Ley de Incompatibilidades de 1984. Las puertas giratorias – esas que iba a eliminar Pablo Iglesias – no son ninguna novedad. Han sido transitadas continuamente por altos cargos y políticos de distinta ideología y condición. Pasar de la política al consejo de administración de una gran empresa, pública o privada, es tan frecuente que ya sólo nos alarma cuando se pierden las formas y se hace con la más absoluta arbitrariedad. 
Por lo tanto, no debería sorprendernos que el economista y exconcejal socialista del Ayuntamiento de Madrid, Antonio Miguel Carmona, cambie las tertulias de la televisión por la vicepresidencia de una gran compañía eléctrica. Sobre todo, si la oferta económica, como es el caso, multiplica los ingresos percibidos como tertuliano y profesor de universidad.
A Carmona le ha tocado la lotería sin echarle. Ya no tendrá problemas para pagar el recibo de la luz a primeros de mes y la compañía Iberdrola se habrá quitado de en medio a un tertuliano que denunciaba los abusos del sector… Y que también criticaba las puertas giratorias. 
El fichaje de Carmona es tan criticable como el fichaje de Iván Redondo como consejero del Grupo Godó – editor de La Vanguardia –, o las incorporaciones, más o menos recientes, de Marc Murtra (PSC) a la presidencia de Indra; de Pepe Blanco y José Montilla al consejo de Enagás, o de Jordi Sevilla y, posteriormente, Beatriz Corredor a la máxima responsabilidad de Red Eléctrica. 
Las puertas giratorias, como otras mamandurrias, son consustanciales a nuestra forma de ser. Habituales en nuestro devenir histórico. Los enchufes, ahora que la subida de la electricidad parece imparable, forman parte de nuestra idiosincrasia. Y vienen cotizando al alza desde mucho antes de que el gobierno de Felipe González decidiera regular el régimen de incompatibilidades.
Así es que el trasvase de políticos a la empresa privada – desde la época de la Transición – no ha dejado se producirse, en muchos casos de forma solapada y en otros despertando algún revuelo por la entidad del trasvasado. En los consejos de las grandes compañías – y no solo de las eléctricas – están o han estado sentados exministros y altos cargos de la extinta UCD, del PP, del PSOE, del PNV, de CiU y hasta de Izquierda Unida. 
Pero lo que más llama la atención ahora es que ya casi nadie reivindique la obligatoriedad de un periodo de cadencia entre el ejercicio de un cargo público y el trabajo posterior en una empresa privada. Un exministro de Justicia puede dedicarse a la abogacía al día siguiente de dejar el cargo. Cualquier alto cargo puede abandonar la Administración y ponerse al día siguiente a gestionar en una compañía privada cuestiones relacionadas con su etapa anterior. Y aquí no pasa nada…
Unas veces para pagar favores y otras para conseguir abrir los accesos de importantes despachos, a las grandes compañías les interesa tener siempre engrasadas las puertas giratorias: abiertas a políticos en retirada o caídos en desgracia. Otra cosa es que se consienta, como hasta ahora, aprovechando la inexistencia de controles y de una regulación inadecuada. 
El fichaje de Carmona ha llamado mucho la atención, por el perfil del personaje, pero no perdamos de vista la mamandurria del Senado para políticos que están en retirada.