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Javier del Castillo

Javier del Castillo


En este mundo traidor

06/12/2021

La cuarteta de Ramón de Campoamor (1817/1901) no ha perdido vigencia. "En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira". Si miramos a nuestro país a través del cristal del Gobierno, el horizonte está despejado: recuperación económica, reducción de la inflación en primavera, creación de empleo y una población vacunada e inmune frente al coronavirus. Si escuchamos las previsiones de la oposición y de los empresarios: recuperación mucho más lenta de lo que dice el gobierno, mayor endeudamiento, más empobrecimiento, menor capacidad de consumo por el incremento de los precios y nuevas incertidumbres sobre el fin de la pandemia. 
Hasta en nuestra visión del futuro reproducimos el mito de las dos Españas. Sin embargo, los datos son los que son y difícilmente pueden distorsionarse cambiando "el cristal con que se miran". Estamos a final de año y la economía no crece al ritmo que anunciaban en Moncloa, la vacunación ha cumplido objetivos, pero sigue siendo insuficiente ante la aparición de la nueva variante ómicron, importada de Sudáfrica; el precio de la energía sigue por las nubes y pone de nuevo en evidencia a Sánchez, que se comprometió a que no superara al de 2018, cuando él todavía no había llegado a Moncloa. Además, la estabilidad política depende, desgraciadamente, de lo que decidan vascos y catalanes. Por otra parte, las empresas españolas están más endeudadas que nunca y preocupadas por la nueva reforma laboral… Y así podría seguir hasta acabar esta columna.
La crisis no existe para este Gobierno, pero está muy presente en la calle. Lo hemos visto en Cádiz y lo seguiremos viendo en los próximos días con las reivindicaciones de agricultores y transportistas. Por un lado, está la España oficial y, por otro, la España real que pelea y madruga "a pesar del Gobierno", como diría Carlos Rodríguez Braun. 
Es curioso observar la facilidad que tienen los responsables políticos para restar importancia a los indicadores económicos, que tanto preocupan, por poner sólo un ejemplo, a las pequeñas y medianas empresas; a los autónomos y a las clases medias que de manera recurrente e inevitable pagan los platos rotos en cada crisis.
La semana pasada asistí – cosa que no hacía desde hace tiempo – a uno de los desayunos informativos que se convocan en Madrid, donde dirigentes políticos y empresariales opinan sobre lo que nos está pasando. En esta ocasión el invitado al desayuno de Nueva Economía Fórum era el presidente de CEPYME, Gerardo Cuervas. Pues bien, lo primero que me llamó la atención – a mí y al propio conferenciante – fue que no se encontrara presente en la sala ningún representante del Gobierno. "Me da pena – apuntó Cuervas – que no escuchen a las Pymes y que nos les preocupe lo que está pasando en nuestras empresas". 
Evadirse de los problemas forma parte del discurso gubernamental – en este y en anteriores gobiernos -, así que alguien tiene que contar al Gobierno las verdades del barquero, aunque no sea agradable escucharlas. En nuestro país hay ahora 40.000 empresas menos que en 2019. Otras muchas empresas – decía el representante de las Pymes – están altamente endeudadas, lo que lastra la competitividad y restringe el acceso al crédito. La subida del precio de las materias primas y la falta de suministros merman su competitividad, etc.
Mientras esto ocurre, el Gobierno parece ausente. O mirando para otro lado.