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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La hora de los sueños

09/12/2021

España va capeando el temporal del ómicron con mejor fortuna que otros países europeos, aunque hay regiones y provincias con unos índices de afectados preocupantes, que es necesario controlar con medidas contundentes. Sin embargo hay que reconocer que después de unos inicios patéticos en la gestión de la pandemia, finalmente el equipo de Sánchez, y sobre todo los gobiernos autonómicos que dieron el do de pecho cuando el gobierno decidió transferirles las responsabilidades que Moncloa prefería no asumir, han trabajado bien para aliviar las consecuencias dramáticas, mortales de la pandemia.

Lo más importante en la lucha, la vacunación masiva, ha provocado que en España la ola del ómicron no esté siendo tan grave como en algunos de los países de la UE.

Llega la hora de los niños, de vacunar a los comprendidos entre los 5 y los 12 años. Más preocupados los padres que los hijos, es seguro que el proceso se va a desarrollar de forma ejemplar en lo que concierne a la reacción de los críos ante la vista de aguja que les van a clavar en el brazo. En primer lugar, porque todos los niños españoles han acudido a los centros de salud desde que eran bebés para completar el calendario obligatorio de vacunación. Segundo, porque estos dos últimos años conviven con la pandemia, y en muchos aspectos lo están haciendo con más sentido de la responsabilidad y de la disciplina que algunos adultos.

Los profesores han dado testimonio de cómo sus alumnos han aceptado las normas restrictivas que imponen los colegios, la mascarilla incluso en el recreo, la distancia de seguridad, la creación de grupos cerrados para cortoticuitar las posibilidades de contagio. Han asumido cuarentenas cuando un compañero daba positivo, apenas han protestado cuando fueron obligados a confinarse en casa y aceptado la disciplina de horarios que se les imponía desde el colegio para conectar por videoconferencia con sus profesores y hacer los deberes. No hay español que no haya sentido orgullo, y ternura, al pasar por delante de un colegio en horas de entrada y salida en los días más duros de la pandemia, y observado de qué manera los niños seguían al pie de la letra las indicaciones sobre cómo organizar las filas, incorporarse gradualmente a las aulas, mantenerse en su zona asignada y resignarse a no compartir juegos con sus mejores amigos porque no pertenecían a su misma burbuja.

Saben que de su actitud depende no enfermar, y también no transmitir el virus a los demás. Se puede apostar que serán muy pocos los niños que pondrán resistencia a acudir al centro de salud para vacunarse. Y si la ponen será por miedo al pinchazo, no porque hagan suya una posición negacionista, propia de mayores irresponsables, que tantas víctimas ha provocado y seguirá provocando si hay reticencias judiciales para imponer la obligatoriedad.

Es la hora de los niños, y no van a defraudar.