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El Pacto Verde amenaza a la producción de lavanda y vino

Beatriz Palancar Ruiz
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El borrador de una nueva reglamentación que se estudiará en el Parlamento Europeo pone en riesgo el etiquetado de estos dos productos como productos naturales y, por tanto, su viabilidad en la provincia

El cultivo de la lavanda y el lavandín se extiende en una superficie de unas 2.500 hectáreas de la provincia, genera un millar de puestos de trabajo y unos ingresos de unos cinco millones de euros. - Foto: Javier Pozo

Mientras que la Comisión Europea ha confirmado esta semana que mantendrá la energía nuclear y gas dentro de la categoría de inversiones verdes, el Parlamento Europeo tiene encima de la mesa un borrador del denominado Pacto Verde cuya aprobación podría afectar a varios cultivos, entre los que estarían la lavanda, al calificar como químicos sus aceites esenciales lo que acarrearía que se desaconsejara su uso para cosmética, o el vino, cuyo etiquetado debería añadir información sobre su posible efecto cancerígeno como bebida alcohólica, ya que la norma no distingue entre bebidas destiladas o no. 

Por el momento, el Gobierno de Castilla La Mancha, a través de su portavoz Blanca Fernández, ha manifestado su profundo desacuerdo con esta estrategia de sostenibilidad conocida como Pacto Verde.

La repercusión de la aplicación del texto europeo preocupa. Cierto es que Guadalajara representa una parte pequeña de la producción vitivinícola de Castilla-La Mancha, denominado por el viñedo de Europa, que se circunscribe a la Denominación de Origen de Mondéjar, con una producción de cinco mil a seis mil kilos por hectárea de la variedad de tempranillo, y la actividad de una bodega instalada en la localidad de Cogolludo.

La producción de vino en la provincia de Guadalajara se centraliza en los municipios de Mondéjar y Sacedón, así como en una bodega en Cogolludo.La producción de vino en la provincia de Guadalajara se centraliza en los municipios de Mondéjar y Sacedón, así como en una bodega en Cogolludo. - Foto: Javier PozoEn el caso de la lavanda, de las cuatro mil hectáreas cultivadas en toda la región, unas 2.500 están localizadas en Guadalajara y las restantes se reparten a partes iguales entre Cuenca y Albacete. Aquí, en la provincia, la producción de lavanda genera un millar de puestos de trabajo y unos ingresos de alrededor de cinco millones de euros. 

«El Pacto Verde va a conseguir un aumento de precios porque va a haber una exigencia para que todo sea ecológico. Y está bien la agricultura ecológica pero, por si misma, es incapaz de abastecer a los mercados», valora el presidente de la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos (APAG) de Guadalajara, Juan José Laso, que enfatiza sobre el hecho de que «este Pacto Verde, igual que la estrategia de granja danesa, son planes europeos que van a conseguir que el agricultor gane menos y que al consumidor le cueste más dinero sus productos. Estamos totalmente en contra de estas estrategias».

En los sectores del cultivo de la lavanda y del vino hay inquietud.

«Estamos preocupados. No tenemos la sensación de que ahora mismo haya un riesgo inminente pero tenemos que hacer valer nuestra opinión. Ya hemos hecho llegar nuestra preocupación a la Junta que nos ha escuchado. Queremos hacerla llegar también al Ministerio de Agricultura y de Transición Ecológica, y que nuestros representantes en España y en Bruselas sean capaces de defender nuestros derechos. No solo no somos un producto con riesgo para la salud sino que somos un producto saludable», dice contundente Abelardo Carrillo, presidente Anipam (Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas y Medicinales).

También desde la Federación Europea de Aceites Esenciales (EFEO) confirman que «se están llevando a cabo acciones a nivel político» con europarlamentarios  franceses, italianos, búlgaros y españoles, todos de países afectados por el borrador del Pacto Verde.

Por su parte, el presidente de la Denominación de Origen (DO) de Mondéjar muestra su profundo desacuerdo con los criterios anunciados en el borrador del Pacto Verde: «Es ridículo poner en duda la lavanda y el vino que son productos ecológicos cien por cien. El vino es un producto natural», manifiesta con indignación José Luis Sánchez que considera que el cambio de etiquetado haría «daño a los productores y a los consumidores. Es incomprensible. Si los gestores políticos no salen atacando esta afrenta es mejor que se vayan a su casa. Si eso se hace con el vino y la lavanda, todos los productos son susceptibles de caer en esta insensatez», estima el presidente de la DO sin esconder su indignación.

NEGOCIO. Tanto para el cultivo de la lavanda como del vino es necesario realizar una inversión importante a medio plazo. Son productos que ofrecen su rentabilidad cuando han transcurrido unas cuantas campañas desde su siembra o implantación y, además, por la inversión que hay que realizar en maquinaria especializada.

Los productores mantienen que no están en contra de la estrategia de sostenibilidad que presenta el Pacto Verde pero sí del impacto que tendría para el consumidor que se declaren los aceites esenciales como productos químicos, por la presencia de la molécula del lanilool que es un alérgeno, o que el vino tenga que incluir en su etiqueta que puede ser cancerígeno.

«Levantar un negocio cuesta mucho pero hundirlo se hace muy fácilmente. Van a perjudicar mucho al vino. No se puede alarmar a la gente y no se puede tirar por tierra un producto de por vida. Tenemos que ser cautos y hay que cuidar nuestros vinos», advierte Eusebio Mariscal, propietario de una bodega cuya producción se estima en 200.000 botellas al año sumando todas sus diferentes variedades.

Por su parte, Juanjo de Lope, director de la empresa Alcarria Flora que está dedicada al cultivo de la lavanda informa que el borrador del Pacto Verde «no solo afecta a la lavanda. Corren peligro el 70% de los aceites esenciales. Toda la apuesta que ha habido con la lavanda como motor socioeconómico de turismo y para frenar la despoblación y generar riqueza, si la lavanda se deja de consumir en perfumería, estética y aromaterapia, los campos desaparecerán. Es un cultivo de una inversión a medio plazo, de unos tres mil euros por hectárea, que se amortiza en diez años. Tenemos una rentabilidad superior a la de los cereales pero hasta el tercer año no empezamos a percibir esos ingresos».

Por último, hay que poner sobre la mesa el impacto turístico que tendría en la provincia la desaparición de los campos de lavanda si deja de utilizarse su aceite esencial en cosmética. Sin duda, la comarca más afectada sería La Alcarria y, dentro de ella, el municipio de Brihuega, cuyo ayuntamiento apuesta por este cultivo como motor de turismo y de desarrollo económico, no en vano registró en noviembre la marca 'Lavanda de Brihuega'. 

«El cultivo de lavanda es emergente y tiene buena rentabilidad para el agricultor y, además, trae muchos beneficios a la sociedad rural como es el caso de Brihuega. Hay un auge del turismo, de la gastronomía, de los hoteles. Esperamos que nuestro ministro de Agricultura encabece una resistencia contra estas acciones», desea Juanjo Laso desde APAG.