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A tu servicio

Antonio Herraiz
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El uniforme verde le delata, aunque desarrolla tareas propias del Periodismo y de la Enseñanza. Es el nexo entre la Guardia Civil y los periodistas de Guadalajara e imparte charlas sobre seguridad en los colegios

Ángel Expósito Morillas - Foto: Javier Pozo

En el despacho de Ángel Expósito (Úbeda, 1969) hay dos cuadros que resumen buena parte de su vida. En uno aparece una calle de su pueblo: Maestra María José Morillas, su madre. «Fue una mujer totalmente entregada a su profesión. Si un niño no podía comprar libros, ella los conseguía, y si un alumno no tenía traje de comunión, se las ingeniaba para proporcionarle uno». Me cuenta Ángel que ejerció su vocación hasta casi el último día de su vida. Enferma de cáncer, acudía al colegio con una bandolera en la que llevaba la petaca con la quimio. En el otro cuadro, se ve a un joven guardia civil recién incorporado al cuerpo junto a un paisano de Guinea Ecuatorial. La foto está tomada en 1966 en este país centroafricano, uno de los primeros destinos de Ángel Jorge Expósito Alfonso, su padre y tercera generación de la familia en el Benemérito Instituto.  

¿Profesor o guardia? Hete ahí el dilema. «Yo siempre dije que quería ser maestro y terminé en el cuerpo casi por casualidad». En pleno servicio militar, un oficial propuso a varios reclutas acudir a examinarse para ser guardia civil. Ángel aprobó y con 21 años apareció en Tendilla, su primer destino. «Apenas había salido de Úbeda. No tenía coche y me llevaron mis padres. Cuando cruzamos los soportales de Tendilla, por el rabillo del ojo vi a mi madre llorando porque no quería que me quedara solo». El pabellón y las habitaciones de los agentes eran tan simples como austeros: una cama, una mesa de madera vieja y una taquilla. Nada más. 

El hijo de la maestra María José Morillas no tuvo ningún problema para integrarse en Tendilla. A los pocos días era un vecino más del pueblo que alternaba por los bares y que conocía a los paisanos por su nombre. La integración completa le llegó cuando conoció a una chica, Tere, con la que se casó y que hoy es su mujer y madre de sus dos hijos. «Fueron dos años fantásticos. Casi todo era nuevo para mí. Incluido el propio cuerpo de la Guardia Civil». Tras un paso breve por Castellar de Santiago, en Ciudad Real, fijó su destino en Guadalajara capital. 

Ángel Expósito acaba de cumplir 20 años al frente de la Oficina de Comunicación Periférica de la Guardia Civil en Guadalajara, el nexo entre los medios de comunicación y el cuerpo. Cuando empezó en este servicio, todavía mandaban las notas de prensa por fax y los propios compañeros le veían como un periodista que vete a saber lo que iba a contar por ahí. Ahora, es todo un experto en redes sociales, se ha ganado la confianza plena de la plantilla de la comandancia -empezando por los jefes- y son los propios guardias los que acuden a él para que difunda una determinada operación o una investigación concluida. «La relación con los medios no es fácil. Yo estoy a su servicio y siempre cojo el teléfono, pero, en muchas circunstancias, no puedo contarles todo lo que se sabe». 

La Guardia Civil le ha regalado a Morillas -así es como le conocen los compañeros- la oportunidad de satisfacer su vocación docente. Como coordinador del Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad Escolar se encarga de impartir charlas en los colegios sobre nuevas tecnologías, acoso, consumo de drogas o violencia de género. «Tratamos de dar respuesta a todas las cuestiones relacionadas con la seguridad de los menores y eso requiere una actualización constante. No puedes empezar hablando de Facebook porque enseguida te pillan que estás anticuado. Si ven que el guardia que entra por la puerta con uniforme tiene Tik Tok o cualquier red que siguen ahora, empiezas a empatizar con ellos y es más fácil». Me hace una reflexión que me deja pensando: «¿A tus hijas las dejarías de noche solas en la calle? ¿Y por qué las dejamos solas con un móvil, una tablet o un ordenador? Son huérfanos digitales».    

Después de más de un año de parón por la pandemia, este curso ha vuelto a las aulas y el primer encuentro con los chavales se produjo en el colegio de Tendilla. «Fue muy emocionante. Recordamos todos los servicios que la Guardia Civil de Guadalajara ofreció durante el confinamiento, momentos muy duros para mucha gente que te ponen todavía el vello de punta. Cuando acabó la charla, se acercó el director del cole y me dio un abrazo de los que no se olvidan». Como tampoco se olvida de su madre cada vez que se ve rodeado de chavales en sus pupitres. La maestra María José Morillas puede estar bien orgullosa.