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Mejor patente

Antonio Herraiz
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Es doctora en Química y centra su trabajo de investigación en la nanotecnología. El premio a la mejor patente de una mujer reconoce una invención con dendrímeros destinada a la medicina para hacer frente a tumores y a bacterias

Mejor patente - Foto: Javier Pozo

Si algo bueno nos deja esta pandemia es que ha servido para dar visibilidad a los científicos y a los investigadores. Nos agarramos a ellos como la tabla de salvación capaz de hacer frente al virus y no nos defraudaron. En tiempo récord consiguieron desarrollar vacunas y reconducir una situación hasta entonces incontrolable. «Normalmente, no tenemos tiempo para ir mostrando nuestros resultados. Con la pandemia se ha reconocido la importancia de invertir en un trabajo que luego revierte y beneficia a la sociedad». Me lo cuenta Sandra García Gallego (Guadalajara, 1985), que conoce bien la soledad del laboratorio, donde se suelen recoger más penas que alegrías. «Es lo que tiene la investigación, que para obtener resultados con una implantación clínica real necesitas mucho tiempo y dinero». 

Con Sandra García empezamos hablando de nuevas soluciones mediante nanotecnología. «Es el campo en el que llevo implicada los últimos años, una manera de abordar las enfermedades desde una estrategia completamente diferente a las terapias tradicionales. Trabajamos en una escala muy parecida al tamaño que tienen las células en un cuerpo humano; de esa manera encaramos el problema de una forma mucho más eficaz y precisa». Y aquí ha ido avanzando en numerosas investigaciones con el objetivo de que puedan dar el salto a una aplicación clínica. Empezó con un sistema, que desarrolló en su tesis doctoral, para evitar la infección por VIH casi en su totalidad. Y ha innovado una tecnología de parches adhesivos óseos como alternativa a las placas y tornillos que se emplean para reparar fracturas de huesos. 

Uno de sus últimos descubrimientos le ha llevado a conseguir el premio a la Mejor Patente de una mujer inventora. Su invención recoge dendrímeros de estructura carbosilano con átomos y metales conocidos por distintos efectos en la salud. «Funcionan muy bien en el tratamiento de distintos cánceres, especialmente en el de próstata, que no tiene ninguna terapia, sólo paliativos. Además del principio antitumoral, tienen una actividad frente a bacterias resistentes». Una de las prioridades en las que siguen trabajando es utilizar estos sistemas para su aplicación al cáncer de mama. «En el de próstata está demostrado en ratones. Ahora los ensayos hay que continuarlos ampliando el tamaño de esos animales». Inmediatamente, surge la pregunta: ¿Y en humanos? «Es complicado. La única opción que tenemos en la universidad es que se comprometa una empresa potente, consiga los derechos de la patente y realice esos ensayos. Es muy difícil encontrar financiación suficiente». 

El premio a la mejor patente es el reconocimiento a una trayectoria centrada en el esfuerzo, la constancia y la excelencia. Sandra García Gallego es Investigadora Distinguida en la Universidad de Alcalá, «mi casa», en la que estudió Química, donde se doctoró y a la que volvió tras una estancia postdoctoral de cinco años en el KTH Royal Instituye of Technology de Suecia. «En el mundo de la universidad, si quieres alcanzar determinados objetivos tienes que salir de España. Lo habitual es estar, de media, dos años. Yo tuve suerte de conseguir contratos muy atractivos y me quedé cinco, gracias también al apoyo de mi marido, que me acompañó en esta aventura fantástica». Tan maravillosa que en Estocolmo nació su primer hijo. En Suecia fundó también una empresa de base tecnológica -Biomedical Bonding AB- con una serie de facilidades burocráticas que, inevitablemente, lleva a establecer comparaciones. «Allí no tienes que pagar impuestos hasta que la compañía no genera dinero. Aquí, a cualquier autónomo que quiera desarrollar un proyecto le fríen a impuestos». 

Sandra habla desde el conocimiento y la humildad del investigador. Pasa casi de puntillas por la decena de patentes de las que es coinventora o de las más de 40 publicaciones científicas que llevan su sello. Tampoco da excesiva relevancia a los galardones que acumula, como el premio de Investigación y Transferencia 2020, que la propia Universidad de Alcalá concede en la categoría de jóvenes investigadores. Me habla de sus orígenes en Uceda y Luzaga, donde vuelve siempre que su trabajo se lo permite. Y terminamos la conversación a la hora pactada para que pueda llegar al colegio a recoger a su hijo. Cosas de la conciliación, de las que tampoco se libran prestigiosas investigadoras como Sandra.