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Alcalde de oro

Antonio Herraiz
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Nació durante la Segunda República, fue designado alcalde durante el Franquismo y acaba de cumplir 50 años con el bastón de mando de Valdarachas después de ganar todas las elecciones a las que se ha presentado

Alcalde de oro - Foto: Javier Pozo

A Mauricio Martínez (Valdarachas, 1932) no le faltan ganas para seguir siendo alcalde de su pueblo, pero las mermadas fuerzas le han convencido de que agotará el año que le queda de mandato y punto final. «En septiembre cumplo 90 años y ya no me puedo mover como antes». Ese «como antes» es tan extenso que abarca cinco décadas. Comenzó el 2 de abril de 1972, cuando juró el cargo de alcalde. «El gobernador civil me mandó una carta comunicándome el nombramiento. Alguien le pasaría el informe, digo yo». No se equivocó porque, tras la llegada de la democracia, ha seguido recibiendo el apoyo de sus vecinos en todas las elecciones a las que se ha presentado. Y no ha faltado a ninguna cita, primero bajo las siglas de Alianza Popular y luego por el PP. «En las últimas -las de 2019- dudé hasta el final. Pero ninguno del pueblo quería y, antes de que los partidos colocaran a gente de fuera, me presenté». 

Mauricio acaba de cumplir las bodas de oro con el bastón de mando de Valdarachas, lo que le convierte en el alcalde más veterano de España. Solo le iguala el regidor de Almudaina (Alicante). Cincuenta años que le han permitido transformar la imagen del pueblo. Primero, llevando el agua potable a las casas; después, asfaltando las calles que antes eran de tierra y piedras; y con el paso de los años ha ido aprobando pequeñas obras y otras de más envergadura como la construcción de un nuevo Ayuntamiento, el cementerio o la rehabilitación de la torre de la iglesia. 

Ahora mismo en Valdarachas no llegan a medio centenar de vecinos censados, aunque en invierno apenas viven una veintena. Como en la mayoría de pueblos de Guadalajara, la despoblación sigue avanzando sin que nada ni nadie la detenga. Hace años, al rebufo de la explosión demográfica de la vecina Yebes, se proyectó un importante desarrollo urbanístico para Valdarachas. «Había previstos más de 400 chalés, pero el Plan de Ordenación Municipal no salió adelante, yo creo que por motivos políticos». Como vestigio de lo que pudo ser y no fue, todavía está en pie el edificio que la constructora reservó para oficinas. 

Las cinco décadas que Mauricio ha dedicado a la política solo se entienden como una vocación por ayudar a su pueblo y a los vecinos. «Aquí no se cobra ni cinco y te cuesta dinero. Vas a una reunión a cualquier otro pueblo o a Guadalajara y tienes que llevar tu coche. Cuando el secretario me decía que me lo abonaba yo le respondía que le hacía falta más al pueblo que a mí». Este alcalde veterano se ha dedicado toda su vida a la agricultura, aunque heredó de su padre el alma de panadero. En una familia tan amplia -llegaron a ser ocho hermanos, de los que viven cuatro- no quedaba más remedio que trabajar de lo que fuera. Durante un tiempo, ejerció también de cartero, repartiendo el correo a varios pueblos.

Con Mauricio charlamos junto al poyete de su casa. La cabeza la sigue teniendo en su sitio, aunque necesita audífonos para escucharnos y se desplaza con dificultad ayudado por un bastón. «Estoy regular. En Semana Santa pillé una neumonía que me dejó en la cama casi sin poder moverme». Me cuenta que lo que más le fastidia es no poder conducir. «Tengo todavía el carnet y hasta agosto no hay que renovarlo, pero éstas no me dejan». Se refiere a sus hijas, Concha y Elena, conscientes de que las facultades de su padre van cayendo. «Alguna vez nos despista y coge el coche para ir a la farmacia a Yebes», me chiva su hija Elena, que gestiona una pequeña tienda en el pueblo. Viudo desde hace una década, tiene tres nietos y una bisnieta. Todos pueden presumir de un abuelo que forma parte de esa historia más humilde y cercana reservada para los hombres más grandes.