Una pequeña y coqueta 'Ciudad Encantada'

Belén Monge Ranz
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Se encuentra en el municipio de Tamajón, a la entrada a la Arquitectura Negra de Guadalajara, y son cientos las personas que, especialmente en esta época del año, se traslada a la zona para visitarla y pasar el día en la zona

La 'Ciudad Encantada' de Tamajón - Foto: JavierPozo

Al hablar de ciudades encantadas, lo primero que nos viene a la cabeza es Cuenca. Sin embargo, aunque en pequeño formato, a menor escala, también Guadalajara cuenta con su propia 'Ciudad Encantada' en la puerta de acceso a la Arquitectura Negra, en plena Sierra Norte, en el término de Tamajón. Aquí, inmersa en uno de los bosques de sabinas más meridionales de Europa, el visitante puede descubrir una pequeña y coqueta joya natural de un gran valor paisajístico, que se remonta a miles y miles de años.

La erosión de los acuíferos que hubo en el pasado ha ido disolviendo la roca mediante ríos subterráneos, galerías y grandes salas llenas de agua que han dado origen a este paisaje kárstico, cuyas cuevas fueron, a menudo, utilizadas por los neandertales como refugio o abrigo, en una época en la que el hombre era cazador recolector.    

Entre un misterioso y seductor bosque protegido, apenas a algo más de un kilómetro del casco urbano de Tamajón, se dibuja este paraje de rocas que la erosión ha ido esculpiendo a su antojo hasta conformar formaciones pétreas con microformas caprichosas, torres que apuntan al cielo, oquedades, setas, arcos, dolinas. monolitos, puentes, tormos…, además de decenas de cuevas horadadas que evidencian su uso como refugio natural para hombres prehistóricos. 

Se trata de un lugar en el que uno puede dejar volar la imaginación y crear sus propias formas, riscas que hablan de manera muy distinta con las primeras luces del día que al anochecer, pero que seducen e inspiran a poetas. escritores y al propio cronista de Guadalajara, Antonio Herrera Casado. 

Este paraje incluido en el Inventario Nacional de Paisajes Sobresalientes se ha convertido ya en parada fija para el turista que busca la Arquitectura Negra. Sus formaciones rocosas kársticas, fruto de miles de años, no están casi nunca en dormidas. 

Desde la pandemia, esta joya natural recibe a diario, en cualquier época del año, a curiosos, turistas y senderistas amantes de espacios abiertos como este, ideales para disfrutar en familia tras dejar el vehículo en el aparcamiento de la ermita de los Enebrales  o Serrana. También es un lugar de escalada con inmejorables vistas al Ocejón. 

Pero si bien la Ciudad Encantada se puede visitar en apenas una hora, realizando un recorrido corto hasta llegar al mágico paraje, ideal para realizar con niños;hay una ruta más larga, de unos 10 kilómetros y unas tres horas, en la que se incluye el sabinar y  el pueblo. «Un lugar espectacular para los niños, que encuentran aquí toboganes, refugios y hasta un microclima de cuatro o cinco grados más que en el casco», afirma el alcalde, Eugenio Estaban, orgulloso.  Y es que, hay días en los que a la entrada del municipio se pueden ver fácilmente entre 50 o 60 coches. «Es el sitio más visitado de toda la zona del Ocejón», subraya el regidor tras remarcar la importancia que también tuvo en su día como recurso para la recolección de alimentos y refugio de los vecinos durante la Guerra Civil.  

A  esta Ciudad Encantada se la conocía en su día como el paraje de  Las piedras del parral y el aza de las cuevas.  Para el Ayuntamiento se trata de un atractivo más para mantener con vida pueblos como este, donde, con tan solo 170 habitantes contando sus pedanías (Muriel, Almiruete y Palancares), cuenta insólitamente con 21 puestos de trabajo a nivel municipal.  

Desde que abrió sus puertas el Centro de Interpretación Paleontológica y Arqueológica de Tamajón (Cipat), donde se ofrece también una explicación sobre el origen de la piedra de la localidad y su relación con la génesis de la roca durante el periodo cretácico, el interés por descubrir esta pequeña Ciudad Encantada se ha multiplicado. Sergio García Voces, geólogo y paleontólogo, es también el responsable del Cipat. Para él, los yacimientos arqueológicos, el sabinar y esta formación de rocas, «convierten este lugar en un espacio bastante interesante» para el visitante, que también puede aprovechar para  recorrer otros senderos como el que va a Retiendas o al pantano del Vado. Un recorrido, este último, con abundante número de sabinas, enebros y encinas y donde también es posible encontrase con algún corzo o jabalí. Y, si te acercas en otoño, podrás observar la belleza de las flores moradas de azafrán silvestre.