Carlos Rodrigo

Entre columnas

Carlos Rodrigo


Llorando bajo la lluvia

04/12/2023

Mientras escribo estas líneas me estoy calando hasta los huesos. Veo a la gente repetida ocho veces y juraría que he divisado el arco iris a través de mis gafas, y todo ello sin haber bebido.
Lo de Toledo es de traca. No llueve seis meses y cuando llueve te quieres morir. Diluviosa pesadumbre. No sé si es el cambio climático o la madre que lo trajo. Reconozco que su me inquieren sobre este tema, permítanme la humorada, contesto como aquel corresponsal británico decano en Oriente Medio cuando le preguntaban sobre el conflicto de Israel y Palestina. El que te diga que lo entiende y que hay una solución es que no se ha enterado de nada. 
Sí, ya sé que la lluvia es muy buena y todas esas cosas, pero aquí es que caen unas que no son ni medio normales y siempre me pillan debajo. Vaya forma de jarrear. A mí, que soy muy sentido, mientras veo como mis zapatos de ante se despiden para siempre, me vienen a la cabeza los versos de Luis Felipe de Vivanco:
Por el cielo de Toledo
Rueda la tormenta
Y el bulto de mi miedo
Por las calles estrechas
Pero el que rueda soy yo. Y encima tengo que elegir entre bajar chapoteando o jugármela a deslizarme mientras contemplo sin escapatoria posible como se acercan inclementes, cual jauría implacable, esas torrenteras calle abajo como si hubiera reventado una tubería. 
En las celosías 
De la plaza desierta
Tiernas gotas de agua
Abren la leyenda
Fieras andanadas de agua taladran mi cabeza al tiempo que, una vez condenado el calzado, observo atónito como la gangrena de agua se extiende por esos pantalones tan cucos que me habían comprado en las no rebajas del Black Friday
Salen a airearse
Las antiguas trenzas
Y del lino y el oro
Las más finas hebras
Que se joda la rubia recién salida la peluquería, triste consuelo, pienso maliciosamente mientras naufrago. Mal de rubias consuelo de calvos.
En suspiro dormido
El gusano de seda
Hila los capullos
La blanca tristeza
Lo bueno de la lluvia es que uno puede llorar sin que se le note y de un suspiro dormido a un alarido ahogado va un paso. Lo de los capullos lo vamos a soslayar; y lo de la blanca tristeza siempre deriva en el negro pensamiento de preguntarse qué ha hecho uno para merecer semejante tormenta y que no haya un maldito techo bajo el que guarecerse…
Cuando lean estas líneas y yo esté en cama con tiritera, seguramente hará un sol de justicia, porque en esta dichosa ciudad las cosas funcionan así. Y aunque nunca llueva a gusto de todos, digo yo que en vez de llover en un día lo de todo el año, podría llover durante el año unos cuantos días. De una forma moderada no tan extremista y radical. Es como si el tiempo fuera un reflejo de las personas y cayera a mala leche. Que Thor nos pille confesados.