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«Los lavaderos más destacados son casi monumentos artísticos»

Inmaculada López Martínez
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El ganador del Premio de Investigación Histórica y Etnográfica 2022 convocado por la Diputación dedicó más de un año al estudio 'Los lavaderos públicos en la provincia de Guadalajara'

Fernando Espinosa Barrios, ganador del Premio de Investigación Histórica y Etnográfica 2022 convocado por la Diputación Provincial de Guadalajara. - Foto: Javier Pozo

Fernando Espinosa Barrios es el ganador  del Premio Provincia de Guadalajara de Investigación Histórica y Etnográfica José Ramón López de los Mozos 2022 convocado por la Diputación. No es la primera vez que este pedagogo y docente madrileño se hace con este prestigioso galardón. También lo ganó en el año 2018 por un trabajo dedicado al patrimonio rupestre de Salmerón. Sin duda, unos reconocimientos muy merecidos que son el fruto de su pasión, interés y trabajo por conocer y divulgar «el valioso y todavía desconocido» patrimonio natural y etnográfico que atesora la provincia guadalajareña.

¿De dónde procede su interés por la etnografía de Guadalajara?

Soy pedagogo y trabajo como docente, no soy historiador. Mi interés por el campo de la etnografía, que lo tengo como una afición, surge a raíz de recorrer durante mucho tiempo la provincia de Guadalajara. Aunque soy madrileño, mi mujer procede de Hijes, un pequeño pueblo de la Sierra Norte, y por la cercanía con nuestra residencia siempre nos hemos movido mucho por Guadalajara. Aunque conozco otros lugares, mis investigaciones las he localizado en la provincia de Guadalajara porque creo que es un lugar que no se ha estudiado lo suficiente. Guadalajara todavía es un campo muy abonado para encontrar y poner de relieve un patrimonio que está olvidado. Mi leit motiv es aportar algo nuevo y valioso en este ámbito para que incluso las autoridades a nivel local y provincial pongan el foco sobre algunos aspectos artísticos, patrimoniales y etnográficos. 

Fernando Espinosa Barrios, ganador del Premio de Investigación Histórica y Etnográfica 2022 convocado por la Diputación Provincial de Guadalajara.Fernando Espinosa Barrios, ganador del Premio de Investigación Histórica y Etnográfica 2022 convocado por la Diputación Provincial de Guadalajara. - Foto: Javier PozoEntonces, ¿cree que todavía queda mucho por estudiar sobre la provincia de Guadalajara?

Es habitual escuchar que Guadalajara es una gran desconocida. Pero la realidad es que sigue siendo muy desconocida. A nivel histórico quizá menos porque hay importantes referentes (Herrara Casado, Layna Serrano, Juan Catalina, etc.). Sin embargo, a nivel etnográfico hay bastantes vacíos y a nivel de patrimonio natural, también. En estos dos aspectos creo que no se ha incidido lo suficiente y es algo en lo que Guadalajara tiene mucho que dar todavía. Precisamente, ese vacío es el que me ha motivado a realizar este tipo de investigaciones.

Es el ganador del último Premio de Investigación Histórica y Etnográfica convocado por la Diputación gracias al trabajo titulado Los lavaderos públicos en la provincia de Guadalajara. ¿En qué consistió esta investigación?

Me di cuenta que los lavaderos era un aspecto de la etnografía que había sido muy poco estudiado y pensé que podía ser un buen campo para abordar. Por las fuentes bibliográficas que había consultado y por mis paseos por la provincia, calculaba que podían existir entorno a un centenar de lavaderos, pero mi sorpresa fue cuando descubrí que hay nada menos que 300. Es una cantidad muy a tener en cuenta que me hizo que esta investigación fuese un trabajo arduo y complejo porque se extendió mucho en el tiempo. Fui pueblo por pueblo catalogando cada lavadero (situación, tipo de arquitectura, características, etc.) y realicé un inventario. Para ello, visité el 95 por ciento de los núcleos de población que tiene Guadalajara. 

¿Cuánto tiempo le llevó?

El trabajo de campo me llevó un año, es decir, visitar cada pueblo, hacer mediciones, un reportaje fotográfico, ver el estado y las características esenciales de cada lavadero (si está o no techado, si tiene las pilas altas o bajas, su tamaño, etc.). Creo que puede ser un trabajo interesante para la administración ya que explica exactamente en qué situación está cada uno de los lavaderos que hay actualmente en la provincia.

¿Y en qué estado se encuentran?

Aunque algunos han sido rehabilitados en los últimos tiempos, sobre todo con fondos europeos y subvenciones de la Diputación, hay un porcentaje, entre el 10 y 20 por ciento, que están en riesgo de ruina o directamente caídos como es el caso del de Alcolea del Pinar.

¿Qué lavaderos de la provincia destacaría por su interés?

Los lavaderos más destacados o importantes de la provincia de Guadalajara son casi monumentos artísticos. Por ejemplo, el de Horche es mucho más que un lavadero, está integrado dentro de un conjunto hidráulico que tiene varias fuentes, pilones, abrevaderos y una memoria histórica muy importante de la población. Es un núcleo fundamental donde la gente socializaba. Aparte del de Horche, destacaría el de Fuentelencina, que es uno de los mejores a nivel nacional, el de Fuentenovilla, Mondéjar, Tartanedo… Otro de los que más me sorprendió fue el de El Espinar por su rusticidad, es un lavadero que se mantiene prácticamente intacto desde su construcción. Tiene un valor incalculable más allá de lo que aparentemente es. Luego, me han llamado mucho la atención los lavaderos que están separados del núcleo urbano porque todos ellos están ubicados en parajes naturales preciosos y, la mayoría, no se conocen. Por ejemplo, el de Fuentes de la Alcarria está situado en una ladera con vistas espectaculares al valle del río Ungría y en el de Valfermoso del Tajuña ocurre lo mismo. El mundo de los lavaderos es realmente interesante.

¿Se pueden agrupar en diferentes tipologías? 

Sí. Lo que más llama la atención es si son o no lavaderos cubiertos y, luego, si las pilas son altas o bajas. Los lavaderos más modernos, los del siglo XX, son cubiertos y, generalmente, tienen las pilas altas, lo que proporcionaba una mayor comodidad a la hora de lavar. Los más antiguos estaban a ras del suelo porque aprovechaban los cauces de los ríos o de los arroyos. Si era cubierto, el lavadero tenía que estar ventilado, pero que no entrara el frío. Por este motivo, estaban orientados al sur, para permitir que entrara la luz y los rayos de sol con el fin de que calentaran el habitáculo. 

¿Cuántas localidades de la provincia conservan su lavadero?

El 64 por ciento de las poblaciones cuentan con un lavadero y es bastante recurrente que tengan dos. La mayoría están parcial o totalmente cubiertos y una característica de la comarca del Señorío de Molina es que cuentan con cubiertas parciales para poder ser utilizados tanto en invierno, ya que es una zona muy fría, como en verano.

¿Todavía se mantienen en uso?

Los que se han rehabilitado en los últimos tiempos y se encuentran en buen estado, en algunos casos, se utilizan pero muy poco, de manera residual. Hay personas que todavía los usan para lavar prendas de gran tamaño como  mantas, cortinas y alfombras y también para lavar zapatillas. Es curioso, pero en algunos todavía te puedes encuentrar jabón. 

¿Por qué se fijó en este tipo de infraestructuras hidráulicas?

Porque me atrae muchísimo todo lo que tiene que ver con el agua. Me encanta el tema de fuentes, las cascadas, en defenitiva, lo que es el curso del agua en general y todo lo que está relacionado con su uso. 

Ha manifestado que este estudio quiere servir como homenaje al trabajo silencioso realizado por las mujeres durante tantos años en estos lavaderos…

Efectivamente. Es una infraestructura que refleja perfectamente el durísimo trabajo que las mujeres tuvieron que hacer durante muchos años. Y todavía era más duro cuando no existían lavaderos, ya que las mujeres tenían que andar varios kilómetros ida y vuelta cargadas con la ropa desde el pueblo hasta el cauce del río más cercano. Recuerdo que en Embid, que es uno de los pueblos de la provincia que no tiene lavadero, una mujer me contó que tenían que ir a lavar hasta el río Piedra, que dista entre cuatro y cinco kilómetros del pueblo. Recuerdo que me dijo: «Fíjate lo que nos querían aquí los hombres que no se dignaron a hacernos un lavadero». Pero los lavaderos no sólo eran un lugar de trabajo, también eran un lugar de encuentro y memoria. Sobre todo las mujeres dicen que el mejor invento del siglo XX fue la lavadora, y es cierto, pero paralelamente muchas añoran la sociabilidad que existía en estos lugares. Por otro lado, hay que destacar la diferencia entre la zona rural y la urbana. La facilidad que hubo para traer al agua a las casas en Guadalajara capital o en las localidades aledañas a la A-2 hizo que la gente se olvidara mucho antes de los lavaderos que en los pueblos más alejados.

¿Qué supone para usted haber recibido este premio que otorga la Diputación Provincial?

Supone un honor. Que te reconozcan un trabajo en el que has invertido tanto tiempo es muy satisfactorio. Por ese lado, no tengo nada más que estar agradecido. Es fundamental que se sigan manteniendo este tipo de certámenes para motivar a la gente a que investigue y para dar salida a unos trabajos que de otra manera no se conocerían. 

No es la primera vez que recibe este galardón, también lo hizo en 2018 por un trabajo sobre el patrimonio rupestre en el municipio de Salmerón. ¿Ha realizado muchos estudios sobre la provincia?

Tengo varios sobre patrimonio y necrópolis rupestres, sobre eremitorios, una guía de cascadas, pero no están publicados. Desde hace años lo que trato de hacer es un proyecto que he denominado Patrimonio invisible de Guadalajara, en el que me gustaría involucrar a gente de diferentes campos para el estudio de la provincia. La idea es generar una página web o una revista en la que publicar todos estos trabajos.

En la actualidad, ¿está inmerso en alguna otra investigación?

Sí, el gusanillo siempre está ahí. Es cierto que el trabajo de los lavaderos ha sido duro, pero ya estoy trabajando en otra cosa que también puede ser de interés para la provincia.

Por último y como buen conocedor de la provincia de Guadalajara,  ¿tiene alguna comarca o rincón preferido?

Está claro que cada zona y cada pueblo tiene sus encantos. Pero por cercanía, la Alcarria me parece un lugar maravilloso en el que no existe la masificación. Aúna la naturaleza, el encanto de los pueblos, la arquitectura vernácula... La Alcarria es mi debilidad.