Albalate de Zorita vuelve a gritar «Viva San Blas bendito»

D.L.C.
-

Una festividad que desde el Ayuntamiento, junto a la Hermandad del Santo, pretenden seguir poniendo en valor, por ello quieren buscar el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Regional.

Imagen de los botargas de San Blas en su visita al colegio. - Foto: Javier Pozo

Los meses de enero y febrero salen casi todas las botargas de la provincia. La más numerosa es la que acompaña a San Blas, el 3 de febrero, por las calles de Albalate de Zorita, que este año supera los 60 botargas. «Hay mucha gente nueva, sobre todo muchos niños», reconoce el concejal de Cultura Miguel Ángel Jiménez, quien apunta que en solo un año la Hermandad de San Blas creció en más de 30 mayordomos. «El año pasado se cobraron 241 mayordomos, este año hay para cobrar 275».

Una tradición que el Ayuntamiento, junto a la Hermandad del Santo, pretende seguir poniendo en valor, por eso quieren buscar el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Regional. «Seguramente costará, pero si no lo intentamos desde luego que no lo vamos a conseguir», afirma.

«San Blas para el pueblo es lo más grande. A nivel de devoción es el patrón del pueblo, sin olvidarnos de nuestra Santa Cruz», apunta el concejal de Cultura. Esa devoción y pasión de los albalateños por su patrón se deja ver en cada uno de los danzantes. 

Este año, si cabe, será aún más especial, ya que no podrá estar acompañando al Santo José Luis Villanueva, quien estuvo durante más de 30 años al frente de la Hermandad y falleció hace unos meses. «Después de haber vivido todos estos años de San Blas con él, ver lo nervioso que se ponía antes y lo satisfecho que estaba luego, cuando las cosas salían bien, va a ser muy emotivo», apunta Jiménez, quien reconoce que fue con él con quien aprendió a hacer caridades, ir a repartirlas, vestirse de botarga… «Nos da mucha pena pero, de una manera u otra, ahí va nuestro homenaje para una persona que ha estado involucrada con San Blas toda la vida». 

Por todos estos motivos, San Blas no se olvidó el día 3 de José Luis Villanueva y su imagen estuvo un buen rato mirando  hacia su casa, ante la emoción de los botargas y todos los vecinos que acompañaban a la procesión. 

Al igual que en la casa de José Luis, San Blas también mira, desde hace años, la casa de Valentín de Lucas. «La procesión pasa por mi casa y siempre hago que mire el Santo. Ahora con más devoción porque no está mi padre y me lo recuerda», comenta emocionada Mercedes de Lucas. 

Valentín era el botarga de mayor edad. Bailó a San Blas desde los ocho hasta los 92 años y solo no lo hizo durante los tres años que duró la Guerra Civil, cuando quemaron la imagen del Santo. Fue él quien inculcó la tradición y el fervor por San Blas a su familia, así no dudó en hacer botarga a su nieto desde que tenía tres años, al que seguiría su hija Mercedes.  «Llevo bailando desde el año 91 por una ofrenda. Cuando me iba a examinar del carné de conducir ofrecí que, si lo aprobaba a la primera, bailaría a San Blas toda mi vida y así lo estoy haciendo», explica. 

Para Mercedes, lo que siente por San Blas es «un sentimiento difícil de explicar». «Demostrar o darle a alguien a entender lo que sientes por San Blas es complicado. Yo ahora todavía lo siento más. Al no estar mi padre es como una cosa que la tienes más arraigada a ti». Esta familia ya va por la cuarta generación de botargas, ya que a Valentín le siguió su nieto, su hija y ahora también se viste la hija de su nieto. «Somos cuatro generaciones y esperamos que sigan creciendo», afirma orgullosa Mercedes. «Me arrepiento mucho de no haber empezado antes. No tiene nada que ver estar dentro de esta festividad que estar fuera», añade.

Otra familia que también tiene varias generaciones bailando al Santo es la de Milagros San Andrés. «Llevo bailando desde hace 34 años. Fue por una promesa, ya que mi hija siempre tenía anginas y estaba un poco desesperada. Entonces dije que mientras que pudiese bailaría y aquí estoy», recuerda.
El primer año que bailó, Mila pidió un traje en el Ayuntamiento. Al verla, sus hijas también quisieron bailar. «Para nosotros, San Blas significa mucho. Empecé bailando yo, luego mis dos hijas y ahora también bailan mis nietas».  

Acercando la tradición a los más pequeños

Que la botarga de San Blas sea la más numerosa de la provincia no es ninguna casualidad. Desde hace años, desde el Ayuntamiento se lleva trabajando para ello. Además, desde hace un año, los botargas visitan en los días previos el Colegio Santa Cruz de la localidad. Allí acercan la historia del Santo a los más pequeños, bailan y danzan con ellos al ritmo de los tambores y los castañuelones.

«En gran medida es gracias a los niños que San Blas tiene esta buena salud», reconoce el concejal de Cultura, quien afirma que el encuentro de los botargas con los niños en el colegio es «una iniciativa muy bonita, que está muy bien para que los niños lo vean y lo empiecen a sentir desde muy pequeños». 

Miriam Magallares Jiménez, profesora del centro y también botarga, explica como desde el colegio se pensó, ya el año pasado, en hacer algo para acercar la tradición de San Blas a los más pequeños, ya que había algunos que no la conocían. «Decidimos hacer un rincón dedicado a San Blas. Por ejemplo, este año lo hemos hecho con los símbolos que representan Santo. Además, pedimos a los mayordomos que vengan a tocar y bailar. También dejamos que los niños que quieran vengan vestidos de botargas. Es un día que les encanta, por lo que esperamos que pueda hacerse muchos años más».

Desde el colegio, ahora también quieren recoger una de las tradiciones que había en San Blas y que, poco a poco, se fue perdiendo, la de los cabezudos, que salían durante los días de celebración, sobre todo, durante el reparto de caridades por las calles del pueblo. 

Y es que la festividad se San Blas comienza días antes con la petición de donativos para la elaboración de las tradicionales caridades, panecillos típicos de la época, a los que se atribuyen propiedades curativas para los males de garganta después de ser bendecidos por el Santo. Son muchos los vecinos que se acercan a la panadería las mañanas previas al 2 de febero para elaborarlas.

«Solemos hacer entre 3.500 y 4.000 caridades. Las llevamos a la iglesia y en la misa de Las Candelas se bendicen para luego repartirlas a los vecinos del pueblo, casa por casa, por la tarde del día 2», comenta Jiménez.

Unos días festivos que terminan con la tradicional rifa popular el día de San Blasillo.