Máquinas que ayudan a cuidar

EFE
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La robótica va camino de convertirse en una revolución en la asistencia médica de los pacientes, así como en la atención de las personas vulnerables, incluso en el hogar

Máquinas que ayudan a cuidar

Ñam ayuda a comer, Sócrates entrena la mente de personas con demencia y Borrissol detecta la fragilidad con cuatro pasos. Son máquinas que contribuyen a cuidar y que desarrolla el Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI), en una necesaria revolución en la asistencia a los vulnerables.

«Es evidente que la población está envejeciendo y cada vez habrá menos cuidadores para atender este volumen de población con necesidades; y en eso, la robótica puede ser una respuesta a todos estos retos», reflexiona el director del instituto, Guillem Alenyà.

En el laboratorio del IRI, centro de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el equipo ha montado un simulacro de comedor, con mesa, sillas, sofá y una pequeña cocina con nevera, para testar y entrenar robots asistenciales en un entorno del hogar, donde en cuestión de años irán entrando los robots.

La tecnología robótica, comenta Alenyà, «ya está aquí» para convertirse en una realidad, pero «la verdadera revolución llegará cuando se concreten exactamente el tipo de aplicación y el entorno donde aplicarlo». Y para que el robot se ajuste a las necesidades, es necesario que sea un «codiseño» entre los ingenieros y aquellos que le van a sacar provecho: pacientes, cuidadores, residencias, centros de día, hospitales y administraciones.

Un ejemplo es Ñam, un aparato montado a partir de piezas ya existentes en el mercado que consta de un brazo que sujeta una cuchara para ayudar a comer a enfermos que no pueden hacerlo de forma autónoma. Esta máquina detecta cuándo el paciente abre la boca y solo entonces le acerca la cuchara; si en cambio ve que sigue cerrada, le dice al comensal que debería comer más, mientras va registrando si ha ingerido los alimentos o no y con qué cadencia lo ha hecho.

Ñam ha sido testado dos meses en el Parc Sanitari Pere Virgili de Barcelona, donde la mitad de los ingresados requieren de asistencia para comer, y «la aceptación ha sido muy buena», asegura Alenyà.

Con la Fundación Ace Alzheimer, los ingenieros del IRI han elaborado otro robot que ayuda a entrenar la mente y que tiene nombre de sabio, Sócrates.

Una veintena de pacientes de los centros de día de esta fundación se han sentado frente a él para jugar al SKT, un test de atención y memoria a partir de números que el aparato supervisa, avisando con antelación cuando el jugador va a errar o colocando la pieza donde toca, con un brazo articulado, si el usuario no logra hacerlo por su cuenta.

Con ojos que parpadean y rodeados por unas gafas, Borrissol (pelusa en catalán) es bajito pero un todoterreno: tanto da la bienvenida al visitante al laboratorio como analiza el movimiento de una persona cuando se levanta de la silla y da una vuelta.

El objetivo es cuantificar el grado de fragilidad física, en un proyecto del IRI con el Instituto Catalán de Oncología (ICO) para ayudar a los doctores a evaluarlo de una forma más automatizada a pacientes que acuden a las instalaciones médicas para una visita.

Más tiempo en casa

 Si bien estos prototipos del IRI se están probado en centros sanitarios o residenciales, Alenyà está convencido de que acabarán entrando en los domicilios, pues se trata de herramientas que facilitan el trabajo no solo los cuidadores, sino también a los familiares, y permiten mantener más tiempo en casa a los mayores o las personas que presentan discapacidades.

En este sentido, el instituto tecnológico trabaja «en robots que no solo atiendan cuestiones cognitivas o de entrenamiento, sino también físicas, como buscar unas llaves perdidas o dar un vaso de agua», explica el ingeniero.

Asimismo, la máquina puede ser un facilitador de la comunicación, pues no solo puede ser la tablet que retransmite la telellamada sino que puede moverse de forma autónoma por el piso en busca del anciano con el que su familiar quiere hablar. «La gente mayor ni siquiera necesitaría saber dónde tiene el teléfono ni cómo funciona, lo haría todo el robot, y esto sería de una gran tranquilidad», incide.

Alenyà deja claro que este tipo de aparatos no sustituyen al cuidador, sino que «es una herramienta para que este lo pueda hacer mejor y abarcar un rango de acciones mucho más amplio».