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"Me preocupa la polaridad a la que se ha llevado a la sociedad"

Inés Escario (EFE)
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La pandemia ha supuesto una anormalidad absoluta para Carlos Goñi. Tanto, que hasta se alejó de su guitarra, que en otras crisis fue su guarida. En esta ocasión, decidió darse la vuelta a sí mismo y ahora vuelve a coger impulso desde el escenario

"Me preocupa la polaridad a la que se ha llevado a la sociedad"

Cuando comenzó el confinamiento, el músico Carlos Goñi (Revólver) desapareció de todas sus redes sociales. Confiesa que le preocupaba, y le sigue inquietando, «la polaridad a la que se ha llevado a la sociedad» y que en esos momentos no tenía «nada que aportar».

Aunque debido a la pandemia tuvo que suspender sus conciertos del trigésimo aniversario de Revólver, Goñi retoma ahora esta efemérides con la gira Apolo, que comenzó hace unos días en Zaragoza porque, al menos musicalmente, sí que tiene mucho que transmitir. 

Con Apolo comienza a girar con su banda por primera vez en época de pandemia, ¿cuál es la sensación?

Estoy un poco nervioso todavía porque cuando el concierto es acústico estoy yo solo sentado, normalmente en banqueta, y te sientes más tranquilo. Pero cada vez que llegan los conciertos de una gira... Uno se siente un poco como que tiene que volver a colocar los pies.

¿Ha echado de menos el contacto con el público?

El año pasado hice 20 conciertos por lo menos, cosa que no me resultó un shock porque me fascina tocar en teatros, algo que he hecho habitualmente. El hecho de ver a la gente sentada no me impresionó en exceso, más allá de las mascarillas, que sí que impresionan mucho desde el escenario (ríe). Pero lo que más echo de menos es verles las caras, ver las sorpresas. Entiendo que la mascarilla es absolutamente necesaria, como no podría ser de otra manera, pero me da mucha pena que nos hayan quitado ese superpoder que tenemos todos y cada uno, que es el de la sonrisa en la cara.

Sobre el escenario estará acompañado del batería Miguel Giner y del bajista Manuel Bagüés. ¿Cómo se compenetran los tres?

¡Muy bien! Con Manuel Bagüés llevamos 11 años juntos, es como mi mano derecha, y Miguel Giner ha sido la última incorporación, se vino con nosotros hace dos años y es como haber encontrado la horma de mi zapato. Si Dios quiere, yo creo que el día que decida dar un último acorde encima de un escenario, estos dos estarán conmigo sin ninguna duda.

Además de la voz, pone también la guitarra, ¿cómo se sentiría sin ella?

(Ríe) Me sentiría mal. Es tanto tiempo haciéndolo, que no podría hacer una cosa sin la otra. Mi hijo dice que soy un ansias y que por qué no llevo a otro guitarrista más para poder descansar. Pero llevar otro guitarrista me provoca un quebradero de cabeza, me resulta más cómodo hacerlo de esta forma.

Dice que casi siempre suele tener este instrumento a pocos metros. ¿Qué papel ha jugado para usted la música en el confinamiento?

Si he de ser sincero, en mi caso, poco. Me dediqué a otra cosa. Los últimos cinco años de mi vida, por motivos que no vienen al caso, acabé convirtiendo la música en una especie de cueva en la que me metía para no tener que soportar los rugidos de la vida. Y acabé tocando una media de 14-15 horas diarias durante cuatro años.

Hasta que le di la vuelta a mi vida y, en este año y pico que llevamos de pandemia, me he ocupado de mí, de darme la vuelta yo. Evidentemente, toco todos los días porque no sabría estar sin tocar, pero no de esa manera. Aparte, tampoco quise ponerme a escribir como tal, me dije a mí mismo que no me iba a permitir que el bicho formase parte de mis canciones, no me daba la gana. Era como asumir que esto es la nueva normalidad y, para mí, esto es una anormalidad absoluta.

Por cierto, Apolo -que da nombre a la gira- es un dios relacionado con la música y la cultura. ¿Va viendo la luz el sector cultural?

Lo que va viendo la luz es la vida. Y si la vida va viendo la luz lentamente, todo lo que la rodea, lo hará también. Más allá de lo que opinen nuestros músicos, yo a lo que me dedico es a entretener. No sé cuánto de cultura tiene lo que hago, lo que sí que tiene es de entretenimiento. Y, evidentemente, cuando hay problemas para llenar la nevera, como dice un amigo mío, «lo primero va antes». Y cuando tenga cubierto eso, probablemente, se disponga a querer entretenerse también. Así que acabará llegando, pero irá lento.

Muchas de sus canciones son autobiográficas, pero otras tantas incluyen crítica social. ¿Qué es lo que más le preocupa ahora mismo?

Me sigue preocupando lo mismo de siempre, me preocupan las personas: a veces nos queremos, rara vez nos respetamos y a menudo nos tratamos mal. Y no hablo de relaciones de pareja, hablo solo de personas.

Uno de los motivos por los que no quería escribir nada durante esta época es porque pasé el principio de la pandemia de bastante mala leche. En vez de volcarla en las redes sociales y no aportar nada, porque no tenía absolutamente que aportar, en vez de eso, desaparecí. Desaparecí de Facebook, de Twitter, de Instagram... Lo mantuve de manera profesional exclusivamente, pero a nivel personal no quería mirar nada porque me preocupa muchísimo la polaridad a la que se ha llevado a la sociedad en la que vivimos. Esto de que haya dos frentes establecidos me pone un poco nervioso y me da mucha pena.

Decidí no tomar parte de eso, no tenía nada que decir, tanto si el Gobierno lo hacía bien o mal. Lo único que podía hacer era mostrar mi desencanto en un momento dado, pero eso no ayudaba en nada, no tenía nada que aportar. Es algo que me preocupa mucho porque no va a menos. Ojalá que cuando esto pase, todos nos calmemos un poco, siempre y cuando la herida que haya quedado no sea demasiado profunda.