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Guadalajara, cuna de la aeroestación española

Plácido Ballesteros
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Guadalajara en 'La Ilustración Española y Americana'

Guadalajara, cuna de la aeroestación española

El día 30 de noviembre de 1901 La Ilustración Española y Americana volvía a publicar una amplia reseña de las maniobras celebradas por los Ingenieros Militares en su campo de maniobras de Guadalajara, a orillas del Henares.

De la importancia que en aquella ocasión le dedicó la revista madrileña al asunto es prueba que el autor del reportaje no fue uno de sus reporteros, sino el ingeniero don José Marvá y Mayer (1846–1937), fundador en 1897 (y director hasta 1907) del Laboratorio de Material de Ingenieros, que llegaría a ser general de aquel Cuerpo del ejército y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1904).

El título del artículo era Prácticas de Aerostación militar y estaba destinado a ofrecer al gran público información pormenorizada de las nuevas actividades que los ingenieros militares habían empezado a desarrollar hacía pocos meses en sus instalaciones de Guadalajara.

Por ello, el señor Marvá y Mayer antes de describir las maniobras realizó una amplia introducción destinada a explicar cómo había nacido la propia aerostación: la invención de los aerostatos, globos llenos de aire caliente o de hidrógeno, es decir de una masa más ligera que el aire exterior, lo que les permite elevarse o permanecer inmóvil en el mismo. Estos artefactos, unidos en su parte inferior a una estructura sólida, denominada barquilla, permiten a los seres humanos elevarse en el cielo.

El artículo que hoy traemos a nuestras páginas da a conocer cómo las autoridades militares españolas trataron de explicar a los lectores de los grandes periódicos la utilidad de la nueva unidad militar creada en Guadalajara. Se trata, como ustedes podrán comprobar, de un texto sencillo pero muy bien estructurado, con noticias concretas que aluden a los principales sucesos que jalonaron los primeros años de la aerostación, entremezcladas con datos técnicos bien explicados y de fácil comprensión para los lectores fuera cual fuera su nivel cultural. 

Con una virtud añadida, en sus párrafos encontramos los datos fundamentales del origen de la Aerostación en España, hecho que ocurrió en nuestra ciudad: 

«La aplicación de la aerostación a la guerra siguió casi inmediatamente a la invención de los globos; ya empleándolos libres, como hizo Chancel, sitiado en Condé en 1793, al intentar por este medio la comunicación con Dampierre para darle cuenta del estado crítico de la plaza, bien como globos cautivos bajo la dirección de Coutelle en 1794, sirviendo de excelentes observatorios en los sitios de Maubeuge y Charleroi y batalla de Fleurus, y poco más tarde en las operaciones del ejército de Moreau en Alemania.

En la guerra de la Secesión, en las del Paraguay, franco-alemana de 1870, Tonkín, las coloniales que los ingleses han sostenido en Egipto, Afghanistan, Zululandia y Sudán, y la del Sur de África en que todavía están empeñados, el uso de los globos en las operaciones militares ha sido frecuente y eficaz.

La misión militar de los globos es táctica y estratégica; táctica, como instrumento de información en los sitios de plaza y campos de batalla, como medio de exploración, sirviendo de observatorio insustituible en razón a la gran altura a que pueden elevarse y a la facilidad que tienen de cambiar de lugar; estratégica, si la información puede extenderse a la concentración de fuerzas, movimientos y enlace de las columnas en la zona ocupada por el enemigo. Desempeñan la primera misión los globos cautivos; la segunda es sólo realizable con globos libres, dirigibles; y como el problema de la dirección no está resuelto por completo, los mejores y más prácticos resultados obtenidos hasta hoy en la aerostación militar se deben a los globos cautivos.

En la actualidad, el aeróstato es un arma de guerra empleada por los ejércitos en el campo de batalla y en el sitio de plazas; hasta en las guerras navales encuentra aplicación. No es de extrañar que todas las naciones se hayan apresurado a organizar y fomentar parques aerostáticos militares, concediendo a este servicio toda la atención que merecen los estimables resultados que de él se obtienen.

El servicio de aerostación militar fue creado en España por real decreto de 24 de diciembre de 1884, asignándoselo a la 4ª Compañía del Batallón de Telégrafos; pero no dispuso de material hasta 1889. En este año se adquirió en París un tren de campaña sistema YON, que constaba de carro generador de hidrógeno, carro-torno de vapor con maniobra de cable para las ascensiones cautivas, y otro para el transporte de material aerostático, compuesto de un globo esférico de seda de 662 metros cúbicos de capacidad, con todos sus accesorios, dispuesto para ascensiones tanto cautivas como libres, y otro de forma y material iguales, de 113 metros cúbicos de capacidad, para señales.

Se hicieron varias ascensiones libres y cautivas, siendo digna de especial mención la llevada a cabo por S. M. la Reina en 27 de junio de 1889, subiendo hasta 400 metros de altura, acompañada del entonces primer jefe del Batallón de Telégrafos, hoy general, D. Licer L. Ayllón. A este propósito dice el Mayor alemán Moebeck, en la acreditada revista Illustrirte Aëronautische Mittheilungen, que "S. M. la reina María Cristina ha sido la primera aeronauta real, y es todavía la única en la historia de la aerostación».

Comisionados en 1896 el coronel de ingenieros Suárez de la Vega y el capitán del mismo cuerpo, Rojas, para estudiar en el Extranjero el material aerostático y la organización de este servicio, escribieron a su regreso una interesante Memoria, nutrida de datos y observaciones, que dio como resultado, entre otros, la tan necesitada autonomía de la compañía de aerostación, a la que se unió el parque aerostático, poniendo todo bajo la dirección del comandante D. Pedro Vives. Este jefe, después de un viaje de estudio por Alemania, Austria, Suiza y Francia, propuso la adopción, como material reglamentario para ascensiones cautivas, del globo cometa inventado por Parseval y Siesgfeld, adoptado en las tres primeras naciones antes citadas. Este globo, que merece el nombre de cometa por la cola de que está provisto y modo de funcionar, es preferible al globo esférico, que no puede elevarse cuando reina viento fuerte porque se abate sobre el suelo, como ha sucedido en repetidas ocasiones a los ingleses en la guerra del Transvaal, mientras que el primero se mantiene en el aire aun con velocidades de viento muy grandes».

Por mi parte sólo resta indicarles que todos aquellos de ustedes que quieran ampliar estos interesantísimos datos sobre el origen de la Aerostación española, ofrecidos por un testigo directo de excepción durante aquellos años como fue el general Marvá y Mayer, pueden hacerlo en la monografía que sobre este tema publicó en el año 2008 el técnico de patrimonio del ayuntamiento de Guadalajara, Pedro José Pradillo y Esteban. En sus páginas encontraran una completísima información sobre un tema cuyo conocimiento es imprescindible para entender la historia reciente de nuestra ciudad.