scorecardresearch
María Antonia Velasco

María Antonia Velasco


La mujer en la memoria

29/08/2021

El hombre occidental siempre ha sabido que Jesús fue judío y no mahometano y que Jesús tenía muchos profetas y no sólo uno, como Mahoma. Todo el occidente comulgó con esa idea. También el hombre siempre ha sabido que Yavhé le había creado a su imagen y semejanza y no le salió negro sino tostadito y que está en el mundo para hacer de puente entre el pasado y el futuro, para transmitir al hombre que vendrá, lo que fue el hombre que pasó. En el origen de esa santa misión cultural y genética hay en el fondo del escenario un dios que ordena con ritos, las formas del recuerdo. Siempre hay un dios exigente de lealtad y por tanto de memoria. Entre nosotros nadie admite más dios que Yahvé y nunca se inclinará por Alá, que aparece como un tabú para el alma. La mitad del mundo adora a un dios y la otra mitad a otro, pero la diferencia que pone en valor a uno sobre el otro es tan fuerte, que no podemos confundir el dios de la misericordia, con el dios de la lujuria, la crueldad y el homicidio.
Dijo Malraux que el siglo XXI sería religioso o no será. El siglo XXI se ha estrenado con una guerra cruenta entre las dos religiones... Alá, contra Yavhé. Desde Malraux han cambiado mucho las cosas. Por ejemplo la desacralización del mundo del siglo XX, limpió de dioses los paisajes y las conciencias y colocó toda su herrumbre en el peligro nuclear. La Unión Soviética le vino al pelo al San Juan del Apocalipsis y hasta el número de la bestia lo encontraron los entendidos en el nombre de Stalin, que pagó el pato de la confusión entre dioses y números.
Hoy ya no está muy claro donde habita el demonio. Ahora mientras los dioses se afanan en distanciarse, el demonio aprovecha el hueco para lanzar sus números. Ahora estamos parados en esa diatriba. ¿A qué Dios atender?
Alá es un desastre cruel y belicoso, se desdice que haber creado a la mujer y carga sus balas contra ella. La trata como una basura, olvidando que es de su invención. La maltrata e insulta y sólo por ello es Alá nuestro enemigo, al que hay que expulsar del mundo. Y nosotras venceremos. Estoy segura.
 Esas conclusiones que saca Alá y su pueblo son del todo erróneas. Si somos tan malas ¿para qué se le ocurre a un dios dedicarse a crear un monstruo femenino? Es perder el tiempo. Por eso nos castiga y ninguna mujer estará en su gloria.
Yo no puedo soportar tal destino y  supongo que ese dios es en sí mismo un demonio cruel y lascivo, porque encima de despreciarnos, tiene su pueblo lleno de harenes para disfrute de los hombres.  
Sí, al ver a los talibanes en ese aeropuerto disparando a ver si pillan a alguna, pienso que el siglo XXI, para nuestra desgracia y la de los niños que se quedarán sin madres, también va a ser religioso.