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Javier del Castillo

Javier del Castillo


Incultura y mediocridad

22/11/2021

La mejor forma que ha encontrado este gobierno para que España deje de tener tantos alumnos repetidores en Primaria y Secundaria – triplicando la media de los países de la OCDE – es aprobar un Decreto Ley que permita pasar de curso con asignaturas suspensas. Con lo fácil que era y a nadie se le había ocurrido tan genial idea. A partir del próximo curso, dejaremos de tener una tasa del 29% de repetidores en Primaria y la ESO y superaremos incluso a los países de nuestro entorno que presumían de cifras inferiores al 11%. 
Sin abandonar del todo la cultura del esfuerzo, se quiere impulsar, como subraya la ministra Pilar Alegría – haciendo honor a su apellido - una "educación en positivo". O, lo que es lo mismo, evaluar a los alumnos más vagos y perezosos de manera generosa, y así evitar que puedan sentirse discriminados del resto y heridos en su autoestima. En definitiva, que es mejor, y más "positivo" facilitarles que puedan pasar de curso en condiciones similares a las de sus compañeros más aplicados y estudiosos. Y, puestos a pasar, tampoco será tan grave hacerlo con una o dos asignaturas suspensas en la ESO, ni presentarse a la EVAU con otra materia pendiente. En definitiva, que no sufran los pobres chavales. 
Para quienes accedimos a la Universidad gracias a una beca, que podían quitártela si no conseguías unos mínimos resultados académicos, resulta difícil comprender esta constante devaluación del valor del esfuerzo. Las exigencias para obtener la ayuda las asumíamos como una contraprestación lógica a la percepción económica establecida. Por lo tanto, llegábamos a los estudios superiores con esta dicotomía: aprovechar el tiempo o volver al pueblo. Teníamos claro que era la única manera, salvo excepciones, de alcanzar el ascenso social y económico.
El sistema educativo español – aunque se supriman las recuperaciones y se permita pasar de curso sin haber alcanzado los conocimientos necesarios en el anterior – seguirá por mucho tiempo siendo un desastre. La formación de las nuevas generaciones tendría que estar al margen de los intereses políticos e ideológicos. Es lamentable que los dos grandes partidos no consigan ponerse de acuerdo para establecer las bases de un buen sistema educativo, pues de él depende el futuro de España. La excelencia y el mérito, se quiera o no se quiera ver, son fundamentales para reducir el desempleo juvenil y para cubrir en el futuro aquellos puestos de trabajos que requieren mano de obra cualificada.
Un país no progresa sin una buena formación. Sin un nivel mínimo de exigencia en colegios, institutos y centros de formación profesional es imposible mirar con optimismo al futuro. No puede motivarse a los alumnos diciéndoles que suspender tampoco es tan malo. Y no podemos igualar a los chavales por abajo, dando a entender que vale lo mismo sacrificarse que quedarse cruzado de brazos. 
Me parece suicida e incomprensible la actual política educativa, salvo que se pretenda embrutecer a las nuevas generaciones para que acepten ayudas y subvenciones de gobernantes mediocres. Como me parece lamentable que se dificulte con ellas el acceso de los jóvenes a puestos de trabajo mejor remunerados.
La vida es una constante evaluación, una continua prueba, donde funciona la competencia y se premia el meritoriaje. Y no servirá de excusa en una entrevista de trabajo alegar que nadie te había dicho que para aprobar había que esforzarse.