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En la cima del mundo

Maricruz Sánchez (SPC)
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Legendarias, sagradas e implacables, las montañas siempre han sido una fuente de inspiración y un reto para el hombre

En la cima del mundo

No existe entre los muchos mitos y creencias de la humanidad nada que posea tanta influencia, capacidad de inspiración y fuerza como las montañas. Solo los mares y océanos, los otros grandes elementos naturales del planeta, han marcado de manera semejante el pensamiento de una especie. Sin embargo, frente a estas masas de agua, en ocasiones letales y otras generosas, las cimas adolecen de una condición inmisericorde. Una fama de territorios malditos y focos de amenaza que, solo desde hace 250 años, se ha tornado en símbolo del afán de superación del hombre.

Alfredo Merino, periodista, divulgador naturalista y montañero con amplia experiencia en ascender picos de todo el planeta, aborda este cambio de rumbo en Atlas de Montañas Legendarias (geoPlaneta). Una bella y didáctica obra en la que ofrece un recorrido por la profunda relación entre el hombre y las cimas, desde la antigua Grecia hasta los más remotos rincones del Extremo Oriente, y del nacimiento de las primeras leyendas y mitos hasta las más señaladas hazañas deportivas contemporáneas.

Deliciosamente ilustrado por Ignasi Font, este libro es una colección de relatos que recuerdan la enorme capacidad que tienen las cumbres para despertar los sentimientos y llevar al límite las aptitudes. Un compendio de historias que empieza analizando el papel de las religiones en la imagen que se tiene de las montañas.

Misteriosas y sagradas, las altas tierras fueron, desde el inicio de los tiempos, recurrentes residencias de los dioses, el lugar donde se manifestaban, recuerda Merino. Entre el suelo y el firmamento, las cimas pasaron a ser para el hombre senderos hacia el infinito, auténticas escaleras a las estrellas.

Y también la puerta hacia el reino de las profundidades. Los volcanes son la vía directa al subsuelo y eso convertía a los montes que arrojaban fuego, como describió Dante Alighieri en La Divina comedia, en la irresistible dualidad que conduce al paraíso, representado en su altura, y al infierno, enclavado en las tenebrosas honduras de sus entrañas.

 

Mont Blanc, el inicio 

Hasta el siglo XVIII, la humanidad solo entendió las montañas como un lugar prohibido donde únicamente se podía estar de paso. Sin embargo, la conquista del Mont Blanc fue el inicio de una nueva etapa. Un hito que dejó atrás la aureola de maldad e intimidación que las envolvía y que las convirtió en objetivo de conquista y campo de batalla.

La memorable ascensión a la cima más alta de Europa, auspiciada por Horace Bénédict de Saussure y concebida como un experimento científico y, a la vez, como un desafío a las capacidades físicas e intelectuales, devino con rapidez en el alpinismo y sus deportes afines.

A partir de esta conquista, la subida a otros muchos picos se sucedió irremediablemente. De hecho, la sociedad contemporánea mira ahora a las montañas con un interés nunca visto. Gracias a la mayor capacidad económica, la mejoría de los conocimientos técnicos y tecnológicos y una disposición de tiempo para el ocio mucho más amplia, han pasado a ser destino recurrente del urbanita que busca el contacto con la naturaleza. Pero el mito sigue estando ahí, con su incomparable influjo inspirador.