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El regreso de Pablo Iglesias

Pilar Cernuda
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El fundador de Podemos vuelve de nuevo a la arena política, con una mayor presencia en los medios y su participación en actos de campaña de Castilla y León, con el fin de evitar el declive de la formación morada

El regreso de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias regresa al primer plano político. No se sabe bien si lo hace ante la preocupación por el declive de Podemos, porque no ha salido adelante el gran proyecto audiovisual de proyección iberoamericana que preparaba con el empresario Roures, o simplemente porque se aburre. Los días tienen muchas horas y no las llena suficientemente con los trabajos que le ofrecieron cuando dejó la política: una tertulia en la cadena Ser, otra en la catalana RAC-1, y un artículo de análisis político en la revista digital CTXT. Esta semana se ha anunciado su fichaje por el periódico digital que edita Roures, Público, donde presentará un podcast de análisis político que se promociona anunciando que pretende acabar con los bulos y desinformaciones de la derecha.

Su retorno a la primera fila política no solo la centrará potenciando su presencia en medios de comunicación, sino que será más activa. De momento, ha cerrado su participación en varios actos de campaña de Castilla y León, donde el candidato a la Presidencia regional ni siquiera cuenta con el respaldo de todo el partido, y sondeos como el CIS recogen que Podemos no tendrá ningún escaño.

En los círculos políticos se considera que estos movimientos de Pablo Iglesias demuestran su preocupación por la situación actual de Podemos, el partido que él fundó: la relación con Pedro Sánchez y los ministros socialistas es cada vez más fría, y Yolanda Díaz no cumple con las expectativas que Iglesias había puesto en ella y además alardea de su falta de vínculo con el partido y su dirección; se han enfriado las relaciones de Sánchez con dos de los partidos que Iglesias aportó como socios a la coalición, Bildu y ERC, y por si no fuera suficiente las dos mujeres de la máxima confianza de Iglesias, Montero y Belarra, son irrelevantes en el Gobierno y en la sociedad, no se les da la consideración que ellas consideran que merecen. La última historia de Irene Montero que es motivo de crítica, cuando no de chanza, ha sido su intervención en un foro organizado por el colegio de abogados de Madrid, donde se quejó de la justicia patriarcal y abogó por tener más en cuenta la igualdad y el feminismo.

Cuando se cumplen dos años del Gobierno de coalición, las costuras empiezan a deshacerse. A pesar de las diferencias de criterio en asuntos importantes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se entendieron durante más de un año. Se necesitaban mutuamente y se aguantaron precisamente porque se necesitaban. La propia labor de gobierno y la necesidad de tomar decisiones que iban en contra del acuerdo de coalición enrareció las relaciones, las discrepancias se agudizaron e Iglesias encontró la oportunidad de oro al abandonar el Ejecutivo para presentarse a las elecciones de Madrid, creyendo seriamente que podía convertirse en presidente regional. Su fracaso le llevó a dejar la política. También se equivocó al preparar la sucesión: Belarra no sabe dirigir el partido, a pesar de su unión con Irene Montero no consigue el respeto político de la gente relevante de Podemos ni tampoco de sus compañeros de Gobierno y no aportan absolutamente nada a la coalición. En cuanto a Yolanda Díaz, Podemos no le interesa, pretende crear una plataforma pero cada vez se desdibuja más el futuro de esa propuesta y de las personas que señaló como figuras fundamentales: Oltra y Colau están a la baja y con problemas judiciales, y tanto Mónica García como Hamed Hossain son prácticamente desconocidas fuera de su ámbito territorial.

Díaz, decidida a convertirse en el referente de la izquierda, más allá incluso de Pedro Sánchez, se dedicó a fondo a sacar adelante la derogación de la reforma laboral. Sánchez decidió darle todas las atribuciones para negociarla, y logró un pequeño, pequeñísimo triunfo en esas negociaciones, porque consiguió el respaldo de la CEOE y de los sindicatos. Pero era reforma, no derogación. Una reforma mínima, así que de inmediato dos socios indispensables para sacarla adelante en el Parlamento, Bildu y ERC, anunciaron que no la apoyarían.

La situación se fue agravando por días, hasta el punto de que Sánchez recurrió a la exportavoz y actual número dos del PSOE, Adriana Lastra, para que tratara de conseguir los votos necesarios.

Todo ello mientras la figura de Yolanda Díaz decaía de día en día porque, por mucho que pusiera el acento en el fin de la reforma de Rajoy y que había conseguido pactar con sindicatos y empresarios, estaba claro que los puntos esenciales de la reforma de Rajoy y Báñez se mantenían y que el pacto con sindicatos y patronal era muy débil: Garamendi, presidente de la CEOE, no se movió de su posición inicial, que era no admitir ni el cambio de una coma en el texto pactado.

 

Apoyo de Ciudadanos

En esa situación, apareció Ciudadanos. Un partido que sufre las consecuencias de las pésimas decisiones que tomó en su momento Albert Rivera, que le obligaron a dejar la política, y que vive una situación de sálvese quien pueda alentada desde el PP. Arrimadas hace todo lo que puede para intentar que el partido sobreviva, pero la situación es muy complicada. Sin embargo, cuenta con una fuerza importante: 10 escaños en el Congreso.

Se los ha ofrecido a Sánchez con la condición de que no cuente con Bildu y ERC para aprobar su reforma laboral, pero hasta el momento nadie del Gobierno ni del PSOE ha llamado a Ciudadanos. Dirigentes del partido naranja han mantenido contactos con Garamendi, Pepe Álvarez, Lorenzo Amor (autónomos) y directivos de Fomento, la empresarial catalana, para explicarles su posición. Sin embargo, a pesar de que personas del Ejecutivo y del PSOE mencionan la posibilidad del voto de Ciudadanos como para alentar a sus socios habituales a que apoyen la reforma laboral, en Cs siguen esperando una llamada de Moncloa o Ferraz que en el momento de escribir esta crónica no ha llegado.

¿Qué pretende Arrimadas con ese movimiento? Lo primero, demostrar que en Ciudadanos hay vida aunque los sondeos lo dan por muerto. Segundo, demostrar que es un partido capaz de apoyar gobiernos a su derecha y a su izquierda en cuestiones de relevancia máxima, e impidiendo así que ese tipo de cuestiones queden contaminadas por exigencias de partidos extremistas de izquierda y de derecha.

En este escenario incierto, con unas elecciones en Castilla y León que no pintan bien para la izquierda, que pueden significar un empujón importante para un PP decaído por los errores que comete Pablo Casado desde hace meses, se comprende que un Pablo Iglesias que había abandonado la política con la intención de que fuera una etapa dejada atrás de forma definitiva, haya tomado la decisión de volver a intentar la remontada de su partido. Más aún si, como parece, Juanma Moreno adelanta los comicios andaluces y, también como parece, los gana y puede seguir al frente del Gobierno. Situación que es la que más preocupa a Pedro Sánchez, porque significaría que los socialistas pierden su bastión, ya que en las anteriores elecciones ganó Susana Díaz aunque no pudo gobernar por el acuerdo de coalición al que llegaron PP y Ciudadanos, con el apoyo externo de Vox.

En los próximos meses se juega mucho en la política española. Para que haya cambio cuando se celebren las generales, Pablo Casado debe hacer caso a lo que le advierten la mayoría de sus compañeros de filas y las figuras relevantes de su partido con experiencia de gobierno, preocupados por los errores políticos que está cometiendo. Para que no haya cambios cuando se celebren las generales y siga gobernando la izquierda, Pablo Iglesias ha vuelto a hacerse presente. De momento, en la campaña de Castilla y León. Después, dependerá de cómo quede Podemos en esa región.

Eligió sucesora a Yolanda Díaz, pero la vicepresidenta segunda no está cumpliendo las expectativas que el fundador de Podemos había puesto en ella.