Editorial

India, el mayor fabricante de vacunas, epicentro mundial de la pandemia

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En las últimas 24 horas la India ha registrado 368.147 nuevos contagios de coronavirus y 3.417 muertes. Son unas funestas cifras que asustan y, sumadas a las impactantes imágenes que nos llegan desde hace un par de semanas desde el segundo país más poblado del mundo, evidencian una catástrofe fuera de control y una tragedia humana sobrecogedora. Con los crematorios desbordados, el gigante asiático se ahoga en el humo de grandes piras improvisadas en la calle, mientras los enfermos mueren a las puertas de unos hospitales que carecen de todo. Este apocalíptico escenario pandémico ha puesto de rodillas a la sexta economía del mundo, obligada a pedir ayuda exterior. En estos casos, el auxilio internacional no es solo un imperativo moral. EEUU, la UE, Rusia y China ya se han comprometido a proporcionar bombas de oxígeno y ventiladores. Esto ayudará a paliar la emergencia humanitaria, pero no esconde que India fue abandonada a su suerte y ahora es un problema global. Porque a la vez que el mundo asiste sobrecogido al colapso sanitario y funerario de la India crece el temor a que la denominada cepa ‘doble mutante’ india sea más transmisible y que escape a la respuesta inmunitaria. Y a los riesgos de proliferación y mutaciones que supone un virus libre y desatado.

La emergencia india es una clara advertencia para el mundo y un recordatorio de los riesgos de la complacencia. Tomemos nota. Allí las autoridades se equivocaron gravemente al declarar ganada la batalla al virus de forma tan prematura. Permitieron reuniones masivas demasiado pronto, incluidas celebraciones multitudinarias o mítines electorales. Con la relajación de las restricciones y sin vacunaciones masivas, la covid puede regresar rápidamente y casi sin avisar. Esto, además, vuelve a poner el foco en los riesgos que entraña que los países occidentales sigan dando prioridad a lograr rápidamente su propia inmunidad mientras que otros países más vulnerables se quedan fuera de los programas de vacunación. Que nadie se crea a salvo por ganar la carrera de la inmunidad que se libra en el primer mundo. Aquellas otras zonas donde apenas se ha vacunado suponen un criadero de variantes que pueden acabar por hacer inefectivas las vacunas. Es una despiadada paradoja, por ejemplo, que el país que alberga al mayor fabricante de vacunas del mundo, solo haya administrado las dos dosis al 2 por ciento de sus ciudadanos. A todas luces India ha fracasado a la hora de imponer medidas de prevención, pero la baja disponibilidad de vacunas en su territorio mientras se inmuniza a treintañeros estadounidenses, canadienses o británicos también supone un tremendo agujero en la estrategia global contra el virus.



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