Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Pim, Pam, Pum

11/03/2023

Que España es ocasionalmente un país que se muestra poco educado en ciertas, demasiadas, actitudes es, temo, algo comprobado. La mala educación nada tiene que ver con esa polémica Ley de Universidades que se alumbra, ni con los títulos académicos, ni siquiera con una posible mala calidad docente de quien a veces se comporta con escasa estética. A veces, el exabrupto, la gracieta intempestiva, la pasada porque sí reflejan un estado político emocional. O una euforia extemporánea. O un afán por alcanzar un titular buscando el aplauso de los propios. Cuando eres secretario/a de Estado, es decir, un alto cargo en el Gobierno que te sustenta, has de tener especial cuidado para que la grosería, la sal gorda, no te desborden.

Y, así, lamentarte, en un cántico como de patio de colegio, en una manifestación sólo teóricamente festiva, de que la madre del líder de un partido rival (¿enemigo?) no hubiese abortado no es más que una muestra de mal gusto y de escaso cerebro, sobre todo si quien canta frente a la cámara de vídeo representa al Gobierno de España. Máxime si ese/a representante hace que suba el pan cada vez que habla, en especial de su tema favorito, casi único: el sexo. Con sus actitudes, compromete a su Ministerio, ya bastante polémico de por sí, y enloda a todo un Ejecutivo, máxime cuando este se halla metido en un intento de transformar muchas cosas muy serias a la vez: la educación (Universidad), la vivienda, el maltrato y el abuso sexual, las pensiones, la familia, el régimen fiscal, la posición internacional de España, la negociación con el independentismo catalán...

Que un país se quede apenas en el mal talante, en la soberbia o en la zafiedad de alguno de sus representantes públicos en lugar de lanzarse a debatir tan vitales cuestiones, no puede ser bueno: España necesita una reflexión global serena, por supuesto también sobre el feminismo que prefiere. O sobre el aborto, que es un tema muy serio para muchos/as. Y precisa una actitud liberal a la hora de adoptar todas las ideologías; y, conste que no soy precisamente un fan de lo que representa el ofendido por la secretaria de Estado en cuestión: eso, como la personalidad del candidato elegido para la moción de censura más peculiar de la Historia, una clara burla al Parlamento, nada tiene que ver con lo que comento.

Yo no quiero que mis impuestos sirvan para pagar chuflas al Legislativo. Y menos aún a según qué deslenguados/as, descerebrados/as. Esa señora no puede seguir creyendo que me representa. Y ni disculpas ha pedido todavía, oiga.