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La gran dama de la escena

J. Villahizán (SPC)
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María Fernanda D'Ocón enamoró al público de finales del siglo XX con interpretaciones inolvidables, como la de Benina en el histórico montaje de Galdós, o entrañables apariciones televisivas en 'Estudio 1' o 'Los Tele-Rodríguez'

La gran dama de la escena

Quién iba a decir a María Fernanda D'Ocón con solo 15 años, cuando estudiaba canto como muchas otras españolas por aquellos lejanos años 50, que iba a convertirse en una gran dama de la escena, que su vida iba a girar en torno al teatro y a la interpretación y que todas las generaciones de la segunda mitad del siglo XX la iban a recordar por sus papeles en programas televisivos como Estudio 1 o La mansión de los Plaff.

La vida de María Fernanda D'Ocón (Valencia, 1937), que había nacido como María Fernanda Conejos Gómez, cambió radicalmente cuando todavía estaba en el colegio y no alcanzaba la mayoría de edad.

Hija de una familia acomodada, formada en el Liceo Francés y con talento para la música y el canto, siguió el consejo de uno de sus profesores para acudir al curso de interpretación de Carmen Seco, en el Real Conservatorio de Arte Dramático. Fue precisamente su maestra quien le cambió cuando solo contaba con 15 años no solo el apellido paterno por el de otro de sus antepasados, sino también un futuro abocado a ser ama de casa y madre, que era lo que la aplicada alumna deseaba.

A partir de entonces comienza la exitosa carrera de una grande del teatro, una actriz que falleció el pasado 24 de marzo en Gualba (Barcelona) a los 84 años tras una extensa y exitosa carrera repleta de reconocimientos, como el que obtuvo en 1973, el Premio Memorial Margarita Xirgu, por su interpretación de Benina en la obra Misericordia, de Benito Pérez Galdós.

Su primera obra fue una de esas casualidades de la vida. Un día tras los ensayos de declamación con Carmen Seco se le acercó un compañero para proponerle protagonizar una función del Teatro Español Universitario, desde ese momento la D'Ocón, como se la conocería popularmente mas tarde, empezó a convertirse en una figura de primer orden sobre el escenario.

El segundo y trascendental giro en su vida se produce pocos años después, cuando un joven actor llamado Mario Antolín se cruza en su camino y se convierte en 1959 en su marido. Con él fundaría su propia compañía y con él alcanzaría las mieles del éxito y eso que ella solo quería convertirse en perfecta esposa y mejor madre.

Fue a partir de ese momento cuando la carrera teatral y profesional de María Fernanda llega a su cenit, con colaboraciones de prestigiosos directores de escena, como Miguel Narros, Adolfo Marsillach, Narciso Ibáñez Serrador, Ángel Fernández Montesinos o su adorado José Luis Alonso, que la convirtió en primera actriz del teatro María Guerrero durante más de una década. 

«Reconozco que los directores siempre han confiado en mí», confiesa la actriz. «O tal vez me han llamado cuando ya estaban de acuerdo con mi forma de hacer, con mi método».

Hecha a sí misma

María Fernanda D'Ocón ha sido maestra y referente indiscutible de la escena. Ha protagonizado infinitas obras de teatro a lo largo de su trayectoria, en casi todos escenarios de España, con enorme éxito de crítica y de público. Ha tenido una enorme versatilidad y capacidad de actuación, ya que ha interpretado tanto obras de teatro clásico como contemporáneo o musical y de autores tan diversos, entre muchos otros, como Calderón, Brecht, Becket, Anouil, Arniches, Casona. Cómico, Miguel Miura, Alfonso Paso o Pérez Galdós.

Además, todos los que han trabajado con ella coinciden en que ha sido una mujer extraordinariamente alegre, dinámica emprendedora y muy positiva. Repetía en público que le hubiera gustado ser madre de familia y tener muchos hijos, pero la verdad es que solo se casó con el teatro y que aquella pequeña decisión que tomó a los 15 años fue decisiva y definitoria para determinar no solo su trayectoria profesional sino también la personal y vital.

El cine no le atrajo demasiado. La prueba es que tan solo rodó nueve películas a lo largo de su vida. La primera fue El alcalde de Zalamea, en 1954, y Caminos de tiza (1988) fue una de las últimas, por las que fue nominada como mejor actriz protagonista a los Premios Goya en 1988. María Fernanda D'Ocón, en cambio, está considerada como una de las pioneras de la televisión.

Su rostro fue habitual en la pantalla de la entonces la única televisión española, donde hizo sus primeros pinitos a los pocos meses de la inauguración de TVE a finales de los años 50. Participó en numerosos espacios dramáticos, como Teatro de siempre o Estudio 1 y, además, protagonizó una de las primeras series televisivas del país, Los Tele-Rodríguez , junto a su marido. También fue la presentadora del espacio infantil La mansión de los Plaff o El televisor. Una de sus últimas intervenciones en la pequeña pantalla se produjo en 2001 en la serie Dime que me quieres de Antena 3.