La Escuela Municipal de Música de Yebes cumple diez años

Redacción
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Este centro de formación no reglada que en 2019 estrenó las nuevas instalaciones con más de 160 metros cuadrados útiles ha celebrado la gala de fin de curso y superado con éxito los efectos de la pandemia

La Escuela Municipal de Música de Yebes cumple diez años

Piano, guitarra, percusión, saxofón, flauta travesera o violín son algunos de los instrumentos en los que el alumnado puede iniciarse o perfeccionar el nivel. Con más de medio centenar de matrículas, incluye un grado infantil dividido en jardín musical, preparatorio e iniciación, y otro elemental con secciones para principiantes y enseñanza libre, y avanzado, adulto y enseñanza libre. Cuenta además con una agrupación coral mixta integrada por voces adultas, cuya actividad se ha visto condicionada en el último año por la pandemia al ser considerada actividad de riesgo extremo. Es la Escuela Municipal de Música de Yebes, que acaba de cumplir un decenio y que el pasado domingo celebró la gala de fin de curso 2020-2021 con la asistencia de los familiares. Un servicio que tiene una “excelente acogida” entre los vecinos y cuyos resultados en estos años “son visibles en el alumnado, que en algunos casos ha accedido a estudios de Conservatorio gracias a la vocación del profesorado”, apunta Juan Antonio Perojo, concejal de Cultura.

Bajo la batuta de Raquel Sánchez-Pardo, que está al frente de este centro de formación no reglada desde sus inicios, en diez años se ha logrado consolidar una infraestructura educativa, formativa y cultural “de primer nivel” en este municipio, que no solo es capaz de atender la inclinación de los más pequeños por la música, “que a estas edades es más una diversión que un aprendizaje”, y el deseo de muchas madres y padres de iniciar a sus hijos en este arte, sino también de dar respuesta “a las necesidades e inquietudes de los estudiantes que están en un escalón superior”, opina Perojo. Que destaca la “implicación y grado de compromiso” del profesorado que presta sus servicios en la Escuela Municipal de Yebes, “que atesora una contrastada capacidad pedagógica, nivel de enseñanza y experiencia profesional” que están a la altura de pocos centros de estas características. Como lo demuestra el hecho de que muchos alumnos acumulan varios cursos debido a la entrega, trato y complicidad del claustro de profesores.

En el transcurso de la fiesta de fin de curso, en el que los alumnos exhibieron los conocimientos y nivel adquiridos, la directora de la Escuela Municipal de Música de Yebes alabó la “capacidad de adaptación, sacrificio y esfuerzo” de los niños en un año “tan aciago y complicado” como ha sido este 2020. “En el que durante varios meses hemos tenido que impartir las clases online, con la dificultad que entraña este sistema de interacción para la corrección y el aprendizaje”, explica Raquel Sánchez-Pardo. Que llegado a este punto, quiso agradecer la “colaboración, dedicación y compromiso” de los padres y madres, “que han sido la necesaria correa de transmisión en el ámbito familiar para motivar y aleccionar a sus hijos”. En esta ocasión, la gala estuvo dedicada a las “Músicas para bailar” y los alumnos formaron orquestas para interpretar los temas elegidos para la ocasión, llevando la emoción al auditorio. “Llevo muchos años en la enseñanza musical y hacía tiempo que no veía una generación tan estimulante como esta”, reconoce.

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La Escuela Municipal de Música de Yebes inició su andadura con apenas una decena de matrículas en el otoño de 2011 en las dependencias de las oficinas municipales de Valdeluz, que no reunían las condiciones mínimas para la impartición de este tipo de estudios. “Con paredes de chapa, techos bajos y un espacio tan incómodo como reducido, profesores y alumnos se sobrepusieron a las adversidades y en poco más de dos años se alcanzaba el medio centenar de inscritos”, evoca el concejal de Cultura. Esta progresión motivó la primera mudanza a las instalaciones contiguas al Centro Cultural de Valdeluz, donde en una superficie de 80 metros cuadrados se habilitaron cuatro aulas de formación que en este caso tampoco tenían los requisitos acústicos, ambientales y sonoros necesarios. “Aquellas carencias se suplieron con el entusiasmo de los alumnos y la voluntad de los profesores”, enfatiza Perojo.

A comienzos de 2018, la escuela se trasladó a su actual emplazamiento, con más de medio centenar de metros cuadrados dedicados a espacios formativos y repartidos en cinco aulas, suelos de tarima, sistemas de aislamiento para la convivencia acústica de todas las estancias y un salón de audiciones con capacidad para 35 plazas. “Lo que hicimos fue dignificar un espacio acorde a las necesidades y esfuerzos de una comunidad educativa que, a lo largo de estos años, se ha comportado como una gran familia”, concluye Perojo.



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