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Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Desarrollo e inversión en el Tercer Mundo

19/10/2021

A comienzos de este siglo Ismael Serrano alertaba en Ya ves de la llegada de africanos, o mejor dicho de cuando no llegaban, en una España inmersa en época de bonanza (y mientras tanto pateras y naufragios desvelan nuestro sueño). Toda Europa tenía entonces cierta posibilidad de acogida y venían a miles a trabajar o, simplemente a vivir. Algunos no llegaban y eso quedaba en segundo plano de otras noticias propias.
Ahora las personas que cruzan el mar, y como sabemos, muchas veces no llegan, me parece que ya no aspiran a una vida de éxito porque saben de las perspectivas que tienen los nacionales en el mercado de trabajo. Lamentablemente solo intentan llegar para vivir, aunque sea para malvivir. Lo prefieren a seguir en sitios donde no alcanza nunca la ayuda al desarrollo, primero porque la hemos disminuido los del norte, y segundo, porque se la quedan sus gobiernos (cuando los tienen) o sus funcionarios. Por si fuera poco, el grueso de los más desesperados lo constituyen las víctimas de ese gran engaño llamado 'primavera árabe', que se suma a los evacuados de la barbarie del yihadismo en Oriente Medio y África.
La travesía hacia Europa siempre nació de la necesidad, pero ahora ésta es más el producto de luchar por el mantenimiento de la propia vida. La Unión Europea puede tener medios para atajar la llegada de barcazas, e incluso encarcelar a los traficantes de personas, pero carece de la ocasión de solventar el problema. Hoy no hay elección en Europa: ni puede acoger a todos los refugiados afganos, sirios, libios, sudaneses, somalíes… y así hasta once nacionalidades más; ni tampoco puede hacer llegar la ayuda de la cooperación al desarrollo, como sucedía hasta el momento.
Esto es lo más grave: España y sus socios actúan directamente o a través de organizaciones no gubernamentales para la cooperación y el desarrollo. Todos los países han tolerado durante décadas, como mal menor, la distracción, tanto de parte de las inversiones como de parte de la ayuda humanitaria, siempre que llegara un producto digno de relevancia para la población receptora final.
Sin embargo, la actual disgregación de poder en buena parte de los Estados receptores, y la absoluta falta de una autoridad en los más necesitados, ni siquiera permite canalizar cualquier buena disposición del Primer Mundo. No habrá por tanto ni ayuda, ni desarrollo, ni esperanza, si la comunidad internacional (comenzando por ese mastodonte ineficaz que es la ONU) no se dispone a reforzar las estructuras de los Estados donde viven las víctimas, desde luego que renunciando a hacerlo con parámetros occidentales de cuentos de hadas. Así, si vas a contribuir a desalojar a asesinos y maleantes como los de Siria o Libia, o tienes algo que los sustituye, o gente peor tomará los resortes del poder como en Afganistán. Esto mismo lo vaticinaba en esta colaboración el día 28 de abril de 2015, Y aquí están.