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«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia»

Beatriz Palancar Ruiz
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El arquitecto ha presentado un nuevo libro relacionado con la historia de Guadalajara, en concreto, su relación con el cine, por eso lo ha titulado 'Rodando en Guadalajara'

«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia» - Foto: Javier Pozo

Arquitectura de profesión y alma de escritor porque Javier Solano (Valladolid, 1948) acaba de publicar su quinto libro relacionado con Guadalajara, manteniendo la perspectiva histórica, pero mostrando una faceta desconocida para muchos de su gusto por el cine. Rodando en Guadalajara analiza la relación que ha tenido la ciudad y la provincia con el séptimo arte desde hace 124 años. 

¿Cuándo nació su inquietud por escribir libros sobre Guadalajara?

El primer libro que escribí fue en 1995 ó 1996 que era un libro sobre historia de Guadalajara durante el franquismo. Después, otro sobre la arquitectura de mi estudio; uno más sobre Guadalajara en los siglos XIX y XX hasta la Guerra Civil y, por último, uno sobre Juan Guas, el arquitecto del Palacio del Infantado.

«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia»«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia» - Foto: Javier PozoNos tenía acostumbrados a libros con un corte histórico y vinculados con su profesión de arquitecto y ahora nos sorprende con este dedicado al cine, ¿lo ha escrito porque es usted muy cinéfilo?

Efectivamente, soy muy cinéfilo. Me gusta el cine y le doy una gran importancia. También participo en algún negocio cinematográfico. El tema del cine es muy querido por mí.

¿Qué va a descubrir el lector en su libro sobre el cine y Guadalajara?

«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia»«Hemos documentado 120 películas rodadas en la provincia» - Foto: Javier PozoFundamentalmente, datos históricos, que en algún caso se han consultado con los que han podido intervenir y otros que han sido objeto de investigación en archivos, bibliotecas o internet. Se ha intentado documentar todo lo que existía al respecto de lo que tenía relación con el cine en Guadalajara.

¿Ha cuidado la estética del libro para obtener un resultado de cine?

Un libro sobre cine que no sea visual, no estoy acostumbrado a leerlo. La gran mayoría de libros sobre cine tienen una amplia documentación gráfica. En ese sentido, he querido que hubiese una gran participación pero vi que era muy difícil encontrar fotografías, con lo cual, he tenido que buscar a alguien que completara todos los temas que hemos podido investigar desde un punto de vista gráfico. El libro, cuanto más visual fuera mucho mejor, y la participación de Fernando Benito fue genial. Con Laura Domínguez tengo una relación profesional de varios años. Casi todos los libros los ha diseñado ella excepto un par de ellos. Es una persona en la que tengo mucha confianza porque es una gran profesional y tiene una notable capacidad de trabajo. 

Creo que ha recibido fotografías donadas por familias, ¿ha tenido la oportunidad de conocer anécdotas gracias a este contacto con ellas?

Sí, hay familias de Guadalajara, hijos o nietos, que nos han dado algún tipo de fotografía. Pero, desgraciadamente, eran pocas. Nos hemos tenido que imaginar escenas para que Fernando Benito lo pudiera ilustrar. 

La anécdota más importante ha sido la del rodaje de Espartaco. Sobresale porque es una especie de quid pro quo porque la gente de Taracena prepara una merienda a la gente del cine, aparece por ahí Stanley Kubrick y les saca unas fotografías. Al final, recuperamos esa foto histórica en la que gente de Taracena aparece y está mirando a la cámara con mucho interés.

La publicación de Rodando en Guadalajara coincide con el 124 aniversario de la primera sesión cinematográfica en Guadalajara, no será una casualidad, ¿verdad?

Nosotros hemos hecho una cierta investigación. Hemos buscado un número redondo para que esa investigación trasluciera y quedara una referencia de cuándo empezó todo, que lo hizo en unas barracas de Feria. Cuando se vieron las primeras películas en Guadalajara no fue en los cines, porque no existían, solo había un teatro, y en este empezaron a proyectarse películas de cine. Después, se construyó otro teatro que permitía que la pantalla de cine fuese más grande. 

Ha dedicado su portada a película La Tía Tula, ¿no sé si llegó a conocer a Miguel Picazo o por qué ha escogido este título para un lugar tan privilegiado?

Personalmente, no he conocido a Miguel Picazo pero, cuando escribí el primer libro sobre el franquismo, le llamé por teléfono y me dio todo tipo de explicaciones. Era una persona muy amable, muy gráfica y con gran sentido del humor. 

Y por otro lado, si se pregunta a críticos y a estudiosos del mundo del cine sobre las diez mejores películas españolas, todo el mundo dice que una de ellas es La Tía Tula, por tanto, había que darle la importancia que necesita. 

Este año, se celebra el centenario del nacimiento de Fernando Fernán Gómez, al que le ha dedicado un capítulo, ¿le gusta especialmente su obra y su legado?

Fernando Fernán Gómez fue un gran hombre de cine. Primero, como actor, después productor, y ha hecho prácticamente de todo. Es un hombre que mostró su inquietud por el cine hasta que la salud le jugó una mala pasada y falleció. Este hombre fue otro de los grandes del cine español. 

Él tenía una cierta vinculación con Guadalajara, no he podido saber cuál es, pero sí que habla de ella en su libro de memorias y se veía que en cuanto tenía la posibilidad de venir a Guadalajara, bien porque se amoldaba a las condiciones de rodar aquí como si ponía el dinero para producir la película, siempre venía a Guadalajara, y qué menos que nos acordemos de él.

¿Por qué cree que Guadalajara capital, sobre todo, pero también la provincia siguen siendo un plató  de cine bastante recurrente para los directores y las productoras?

Los escenarios urbanos se utilizan mucho en el caso de Guadalajara pero, también, la provincia tiene unos paisajes bellísimos, extraordinarios, y es normal que salga ese patrimonio a través de películas o series. No solo importa la arquitectura, también la naturaleza y está en la provincia. Es extraordinaria.

¿Cree que la ciudadanía conoce la relación de Guadalajara con el cine?

Creo que no. Una de las razones por las que hicimos el libro es para que vean que la vinculación es muy alta. Al empezar a trabajar en el proyecto, pensamos que, por lo menos, se habían rodado 20 ó 30 películas pero, al final, hemos documentado 120. 

¿Ha participado alguna vez en un rodaje o le gustaría colaborar con el diseño de algún decorado?

Hasta ahora, no he participado en ningún rodaje y la verdad es que mi vinculación con el cine, primero, fue como espectador y, después, como persona vinculada a la exhibición cinematográfica que también me interesa. Soy uno de los que piensa que el cine no puede terminar y que la televisión no le puede comer. No tiene nada que ver el sonido y la visión. Donde hay cine es como si hubiera literatura, y donde hay cine y literatura hay vida y amor al hombre. 

Entonces, ¿estará apenado por la situación actual de las salas de cine?

Sí. Poco a poco, se van acercando pero todavía hay un cierto miedo. La sociedad ha luchado contra la pandemia y contra la circunstancia de tener un virus que es un gran peligro y no se sabe si se puede uno contagiar o no. Por tanto, todos los lugares cerrados son contraproducentes. En la medida donde vamos saliendo adelante, la gente se va acercando a las salas de cine. 

Como arquitecto, ¿qué lugar escogería como marco incomparable para una película y de qué estilo?

Estoy pensando en una película histórica y los mejores sitios que escogería para ello serían Atienza o Sigüenza. La verdad es que tanto Atienza como Sigüenza han sido objeto de bastantes trabajos cinematográficos y rodajes. En algún caso han reflejado realidades históricas que no tenían que ver una con otra. De hecho, en Atienza se rodó una película que transcurría en el siglo III antes de Cristo y, después, se ha hecho alguna que era medieval. Estamos hablando de distintas épocas. Eso también cuenta, la posibilidad de tener una arquitectura que sirve para ambientar una película de hace cien años, quinientos o mil.