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Una leyenda fabulosa y una litografía

Plácido Ballesteros
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'Guadalajara en "La Ilustración Española y Americana'

Una leyenda fabulosa y una litografía

Si leemos con cierto detenimiento el breve texto que Eusebio Martínez de Velasco le dedicó al dibujo de Salcedo, descubrimos que el reportero no resistió tampoco en esta ocasión la tentación de recoger las noticias que sobre la historia de Pioz se habían inventado en el siglo XVI los autores de los Falsos Cronicones. Como ya hemos indicado varias veces en estas páginas, a finales del siglo XVI, Fray Jerónimo Román de La Higuera, por entonces prestigioso historiador jesuita, y algunos de sus seguidores, para contrarrestar las obras de otros historiadores que ya habían empezado a revisar ciertas tesis muy delicadas de la historia española como la predicación de Santiago en España, el origen del Pilar de Zaragoza o la cuestión de las sedes primadas, aspectos sobre los que cada vez se insistía más en que no existía confirmación incontestable en documentos de la Antigüedad; comenzó a hacer circular una serie de copias de manuscritos, que supuestamente contenían textos atribuidos a antiguos escritores como Flavio Lucio Dextro (siglo V), Máximo de Zaragoza (s. VI-VII), Luitprando de Cremona (s. X) o Julián Pérez (s. XI) como encontrados en esos momentos en diversas bibliotecas y archivos, que sí apoyaban de forma irrefutable sus opiniones. 

En aquellos manuscritos supuestamente originales, además de ensalzar los grandes capítulos de la historia nacional, se ofrecían noticias sobre numerosas ciudades y villas que permitían a muchísimas poblaciones reivindicar un pasado remoto, que siempre enlazaba con una gran antigüedad cristiana y la presencia en ellas de numerosos mártires, santos y obispos.

En lo relativo a Pioz hemos de recordar que esta villa era, cuando a finales del siglo XVI y primera mitad del siglo XVII se dieron a conocer aquellos Cronicones falsificados, señorío de una importante familia aposentada en Guadalajara, de las ramas nobiliarias De la Cerda y Ciudad Real, por lo que mereció también la atención de los impostores, quienes pergeñaron convenientemente una cita a un supuesto autor romano, Flavio Lucio Dextro, para afirmar que nuestra población había sido en la Antigüedad una ciudad romana, la inventada ciudad de Picius, en la que había nacido San Alejandro Mártir. 

Es cierto que estos disparates y falsificaciones habían sido ya desechados y desmontadas por los historiadores académicos cuando el señor Martínez de Velasco escribió su reseña en 1878. Pero en la historiografía popular aún tenían gran predicamento estos absurdos despropósitos que satisfacían el orgullo localista de los vecinos de las poblaciones interesadas. Po ello en la obra más conocida en aquellos momentos sobre los castillos de España, titulada “Castillos y tradiciones feudales de la península Ibérica”, publicada poco antes, en 1870, bajo la dirección del periodista y escritor José Bisso, en el capítulo dedicado a Pioz seguía atribuyéndose a nuestra población y a su castillo una antigüedad milenaria

Pero en aquella obra, que alcanzó una gran difusión en su época, no sólo se ofrecía una información totalmente crédula y poco documentada sobre la historia de Pioz y su castillo, además se incluía en sus páginas un precioso y artístico dibujo de la fortaleza, firmado también por Isidoro Salcedo. Aunque, sorpresivamente, muy poco fiel a la realidad.

Como quiera que este grabado fue comercializado también desde ese mismo año como litografía coloreada por el impresor del libro, el editor Achille Ronchi, es la imagen más antigua que conocemos de nuestra fortaleza. Y es la que aparece en lugar destacado en cualquier búsqueda que realicemos sobre Pioz. Pero, insisto, es muy poco veraz y nos ofrece una imagen inexacta del castillo junto a la villa en un paisaje totalmente idealizado.

La obra tiene un valor artístico indiscutible, pues a la calidad y destreza de Isidoro Salcedo como dibujante hay que sumarle el hecho de que fue realizada en el prestigioso taller litográfico madrileño de Julio Donón. 

No obstante, como pueden observar ustedes si se fijan en la imagen con detenimiento y la comparan con el dibujo del propio Salcedo publicado años más tarde en las páginas de La Ilustración o con cualquiera de las fotografías actuales, el castillo está dibujado al revés: la torre del homenaje (la más voluminosa) está situada donde no le corresponde, a la derecha con respecto a la fachada de la puerta principal, cuando en realidad está a la izquierda.

El embellecimiento del cuadro lo culminó nuestro artista adornando el paisaje, siguiendo los gustos románticos de la época, con algunos tipos populares, un carro y los animales de labor; pero no podemos dejar de señalar en este caso también un detalle que tampoco se ajusta a la realidad: las casas de la villa, situadas a la izquierda del castillo no son visibles desde esa vista de la fortaleza.