Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Vuelta a la realidad

24/03/2023

Ramón Tamames quiere seguir exprimiendo la moción de censura hasta todo lo que dé. Avisados estábamos: «Si no lidero la moción de Vox, puedo arrepentirme toda mi vida». Lo dijo un hombre que tiene 89 años y hay que reconocerle el mérito. Con esa actitud tan positiva, deslizaba que va a seguir dictando doctrina hasta que el cuerpo aguante. Prueba de que el baño de vanidad ha resultado insuficiente, prueba de que, salvo el tocho de 20 folios que le regaló Sánchez, nada le ha saciado, está su afán por continuar siendo protagonista. Lo penúltimo es un libro en el que tampoco se ha quebrado la cabeza. Le ha puesto título -Por una España de todos-, ha escrito un breve prólogo y luego ha fusilado el texto de la moción, del que conocimos casi su totalidad la semana anterior al debate por una filtración a la altura del movimiento político que se ha visto en el Congreso. Todo indica que no va a ser la última publicación de Tamames sobre la moción. Lo tiene fácil. Si decide reunir todas las entrevistas que ha concedido en el último mes, tiene para un tocho diez veces superior al que se cascó el presidente del Gobierno. No le ha faltado un medio. Bueno, sí. Hay uno que desapareció hace unos años y ahí no ha llegado. En días como hoy, se ha echado de menos a la revista Interviú, para ver cómo de desnudo se atrevían a sacar al casi nonagenario candidato.
Al margen de los movimientos del ex dirigente del PCE por arañar los últimos titulares, mañana, o, mejor, hoy, cuando leas este artículo, apenas nadie se acordará de la moción de censura que encumbró a Sánchez y a Yolanda Díaz, mientras el resto se esforzaban por no salir demasiado trastabillados. La realidad se ha impuesto y ha vuelto al punto en el que la dejamos. La supuesta compra de árbitros del Barça sigue engordando y la UEFA entra en escena, arrollada por una investigación que ya ha puesto entredicho la limpieza en el fútbol. La ley suelta violadores sigue sacando delincuentes sexuales a la calle, aunque desde el Poder Judicial no actualicen el dato de beneficiados. Serían muchos más de no seguir la huelga de Letrados de la Administración de Justicia que ha provocado la suspensión de más de 350.000 juicios y ha dejado 424.000 demandas pendientes de llegar a los juzgados. Esto tampoco ha cambiado.
La moción también ha quitado el foco, al menos por unas horas, del caso del Tito Berni, que es algo más que un club de puteros y farloperos chuscos que engañaban a empresarios a cambio de supuestos favores que no siempre llegaban. Y no solo es más porque salpique a la Guardia Civil, en un claro intento del PSOE por echar estiércol a la Benemérita para tapar sus propias vergüenzas. En un cuerpo con cerca de 90.000 agentes es normal que haya agentes podridos y dispuestos a corromperse, pero extender la mancha sobre el conjunto es una maniobra demasiado burda para escaquearse de asumir su propia responsabilidad.
Para lo poco que ha servido la moción ha sido para retrasar la renuncia de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, acorralada por el supuesto tráfico de subvenciones irregulares del que se benefició su marido. La justificación es que no ha dado el paso hasta que no ha trascendido que Juan Carlos Martínez ha sido imputado, o investigado, como se llama ahora. La verdad es que la sombra de corrupción llevaba semanas cercando a su familia. El tiempo dirá si hay algo más, lo que no dejaría en buen lugar a los cuatro mandos que se prestaron -por voluntad propia u obligados, bien mandados ellos- a salir en la foto el día de su adiós.