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«Hay muy pocos sitios que me emocionen como la Sierra Norte»

Inmaculada López Martínez
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Este serrano de adopción acaba de publicar su último libro 'Bosques, Montañas y Gente', en forma de haikus y tankas, unos originales poemas de origen japonés

«Hay muy pocos sitios que me emocionen como la Sierra Norte» - Foto: Javier Pozo

Su pasión por la montaña le llevó a descubrir la Sierra Norte de Guadalajara hace años. Quedó prendando de la fuerza y quietud de esta abrupta comarca que hizo suya desde un refugio permanente: Robleluengo. Aparte de serrano de adopción, Fernando Barbero (Madrid, 1949) es un viajero incansable y un escritor polifacético. Acaba de publicar su último libro Bosques, Montañas y Gente, en forma de haikus y tankas, poemas de origen japonés.

¿Cuándo y por qué se sumerge en el mundo de la escritura?

Desde niño he sido un lector empedernido, sigo siéndolo y en varias ocasiones a lo largo de mi vida había dado el salto a escribir, pero no fue hasta hace unos 20 años cuando hice algo que realmente me gustó a mí. Fue entonces cuando escribí una novela, que la autopubliqué y que se vendió muy bien. Se titula El sueño de Homero y está ambientada en la Sierra Norte de Guadalajara, es una novela entre montañera y costumbrista. A partir de ahí, empecé a escribir de forma casi continua. No tengo estudios, soy autodidacta. He leído mucho, de ahí me viene el amor por la literatura y, sobre todo, he tenido contacto con mucha gente, he escuchado a gente que sabe mucho y soy como una esponja, aprendo continuamente y espero seguir aprendiendo.

Su último libro es un compendio de haikus y tankas. ¿Qué son exactamente estas formas poéticas tan peculiares?

Los haikus y las tankas son poesías de origen japonés de los siglos XV y XVI y tienen una métrica muy rígida. Los haikus constan de tres versos, el primero tiene que tener cinco sílabas, el segundo, siete y el tercero, cinco de nuevo. Y un tanka añade a estos tres versos otros dos versos de siete sílabas. Algo que tiene que tener siempre el haiku y el tanka es relación con la naturaleza, el paso del tiempo, las estaciones del año… Es muy importante la comunicación con la naturaleza. Pero es verdad que estos haikus y estos tankas que yo he escrito están, de alguna forma, tamizados por lo mediterráneo que tengo yo y por mi entorno. A lo mejor no son haikus y tankas perfectamente clásicos sino que obedecen a una corriente actual más abierta.

¿Cómo se adentra en este peculiar género literario?

Escribo poesía de manera habitual. De hecho, hace menos de un año publiqué otro poemario pero de estilo más convencional. Sin embargo, a veces, sobre todo cuando estoy viajando y en contacto con la naturaleza, me vienen a la cabeza las poesías en forma de haikus y de tankas porque he leído mucho este tipo de género. Y lo cierto es que es un reto porque tienes cierta dificultad a la hora de amoldarte a una métrica tan especial y tan rígida. Tengo que decir que no he ido nunca a Japón y que no conozco la cultura japonesa en profundidad, pero sí he leído mucha poesía japonesa y me considero un modesto conocedor de la misma.

La semana pasada, presentó este libro en Guadalajara. ¿Cómo fue la acogida?

Muy buena. Fue muy placentero ver a tanta gente y el cariño que me mostraron. Además, el patio de la Biblioteca de Guadalajara es un lugar precioso para presentar un libro. Lo pasé muy bien. El próximo 21 de julio, a las 19,30 horas, tendré una nueva presentación en el Hospital de Santa María la Rica de Alcalá de Henares.

¿Por qué la naturaleza es un género tan habitual en sus escritos?

Soy montañero desde joven y sigo siéndolo y también soy corredor de montaña. La montaña es muy importante en mi vida. De hecho, yo llegué a la Sierra Norte de Guadalajara, donde tengo una pequeña casita en Robleluengo, de esa forma, subiendo al pico Ocejón hace muchos años y contemplando todo aquello que se abría ante mis ojos y que es una verdadera maravilla por el paisaje, por la soledad y por la fuerza que desprende. He ido a otras montañas como el Himalaya, los Andes, los Pirineos, los Alpes… Siempre que tengo ocasión voy a la montaña. La naturaleza me llena de energía, la comunicación con la naturaleza me llena muchísimo.

Aunque madrileño de nacimiento, es asiduo a Robleluengo. ¿Qué le atrapó de la Sierra Norte de Guadalajara para siempre?

La Sierra Norte de Guadalajara siempre está muy presente en mí y escribo mucho sobre ella. En este último libro, hay mucho de la Sierra de Guadalajara y también en muchas de mis anteriores publicaciones. La Sierra Norte de Guadalajara tiene algunas características que se adecúan a mi forma de ser. Me gusta la montaña porque, d e alguna manera, te mides a ti mismo. No es una competición contra nada, simplemente, la montaña es un espejo en el que te miras y comprendes bien quién y cómo eres. Montañas como los Alpes, los Pirineos o la Sierra de Guadarrama están tan súper pobladas que hacer eso es prácticamente imposible. Sin embargo, la Sierra Norte de Guadalajara tiene la dificultad de su aislamiento, pero también tiene la maravilla de su aislamiento. La gente va a un par de lugares, al pico del Lobo y al Ocejón sobre todo, pero tú puedes andar un día entero por un valle, por un bosque e incluso por otras montañas y no ver más que algún corzo, algún jabalí, algún zorro y no encontrarte con ninguna persona. No es que esté en contra de las personas, de hecho, soy un tipo bastante social y sociable, pero en un momento dado esa comunicación con la naturaleza, en la Sierra Norte de Guadalajara se hace de manera perfecta, es una comunión perfecta para mí. Hay muy pocos sitios que me emocionen tanto y que saquen tanto de dentro de mí como la Sierra Norte de Guadalajara.

Aparte de montañero, es un viajero avezado. ¿Qué supone la experiencia viajera en su vida?

Viajar para mí es, simplemente, cotejar cómo viven otras personas. Ir a lugares diferentes a nuestros sitios, me fascina. Últimamente, huyo de los lugares de moda porque está todo muy masificado. Ver algunos lugares maravillosos tan masificados, tan fotografiados, tan tocados y manoseados me causa bastante tristeza. Por eso, me gusta hacer viajes a destinos donde mucha gente no va y ahí me encuentro muy bien, sobre todo, con la gente del lugar.

¿Eso también lo encontró en la Sierra Norte de Guadalajara?

Efectivamente. La gente de la Sierra Norte es poco habladora, pero muy profunda. Si entras y eres una persona sensible y humana, es gente que te va a acoger y te lo vas a pasar de maravilla. Si eres un poco zaragatas lo van a notar enseguida y, entonces, estás perdido. Una conversación en la puerta de un bar tomando algo o cruzarme con alguien en alguna de las actividades que se celebran en la Sierra y sentarme a charlar un rato es lo que busco y eso lo encuentro con facilidad y me llena en absoluto.

Tiene ocho libros publicados de géneros completamente distintos (una novela, un libro de viajes, relatos, poesía, de carácter histórico, etc.). ¿Podría definirse a sí mismo como escritor?

Soy un escritor inclasificable. Me gusta esa palabra y me gusta ser así. Es cierto que nada me es ajeno, como decían los antiguos griegos. Me gustan muchas cosas. Me definiría como un curioso insaciable, una persona con ganas de aprender. Ese deseo siempre se renueva. Nunca doy nada por sabido, todo me interesa, cualquier cosa me llama la atención y, de hecho, escribo poemas sobre todo tipo de temas.

No es casual que este libro tenga una imagen muy cuidada, con bellas ilustraciones cromáticas...

Siempre me han gustado los libros ilustrados y, prácticamente, todos los libros que tengo publicados, excepto la novela, tienen algún tipo de ilustración o fotografía. Para mi poemario anterior, La madalena de Bukowski, tuve la suerte de contar con Noemí Gómez Posada, gran ilustradora y pintora, y con su pareja, Pablo Richi, como diseñador gráfico. Para Bosques, montañas y gente han vuelto a colaborar conmigo y el resultado ha sigo magnífico. En este libro, los poemas son el 40 ó 45 por ciento, porque la mayor parte de su belleza es evidente que está en el diseño y, sobre todo, en las ilustraciones. Son verdaderos cuadros de una enorme sensibilidad y entran en un diálogo con los poemas que me emociona.

Además de escritor, dirige como voluntario un taller de escritura creativa para reclusos en la cárcel de Alcalá desde hace cuatro años. ¿Cómo valora esa experiencia?

Normalmente, pensamos que las personas que están en intramuros son poco menos que monstruos que hay que apartar de la sociedad. Pero si entramos y nos fijamos en ellos con una sensibilidad mediana, encontramos unas personas igual que las de aquí fuera. Las pasiones, el amor, el odio, la alegría, la tristeza están allí y están aquí, al margen de lo que cada persona haya hecho y que le haga merecedora de estar en la cárcel. Yo me he encontrado allí unos grupos maravillosos. Estamos a punto de editar un libro con poemas y relatos de los talleres que dirijo, tanto el de hombres como el de mujeres, porque ya están escribiendo a un nivel medio-alto y son unos escritos maravillosos. Es una actividad que me reporta mcho placer y paz. El poder procurar un rato de libertad y de alegría a las personas que están allí metidas es una experiencia única, es inenarrable lo bien que me siento, lo bien que me sienta. Sin duda, este voluntariado es un regalo.

¿Tiene algún nuevo proyecto literario en marcha?

Sí, lo tengo prácticamente terminado. Es un libro dedicado a los vientos. Los vientos son elementos que, a veces, son una persona más, son un vecino más de un valle, de un pueblo, de una ciudad. La cultura sobre los vientos está desapareciendo y es una pena. El libro tiene una introducción de unas ocho o diez páginas en las que hablo de los vientos y lo que significa el viento a nivel mundial, de cómo el clima lo hace el viento, de cómo se fabrica el viento, de cómo va, de cómo viene, etc. Después, he escogido más de 50 vientos de todo el mundo y he escrito  una poesía sobre cada uno, un poeviento que lo llamo yo y, además, relaciono cada uno con una persona concreta. Es un proyecto muy bonito.