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Javier del Castillo

Javier del Castillo


Ilusión y cantera

13/06/2022

Iván era un niño tímido e introvertido, aunque rebelde y perseverante. Pese a ser una joven promesa, fue descartado por el Racing de Santander, equipo de su ciudad, pero lo siguió intentando en Ciudad Real, después no haber superado las pruebas en el Real Valladolid.
Jugó en el CD Manchego, de Tercera División, junto a su hermano Luis (que era el preferido del entrenador); fichó al año siguiente por el Albacete Balompié, que entrenaba Mariano García Remón, y una temporada después compartió vestuario y habitación con Francesco Totti en la Roma. Con el Real Madrid, que llevaba tiempo siguiéndole los pasos, ganó dos Champions y tres Ligas. También vistió la camiseta de la selección española, con la que disputó 47 encuentros, dos Eurocopas y el Mundial de Japón y Corea. 
Sin su gran pasión por el fútbol, las ganas de triunfar y la perseverancia, Iván Helguera no hubiera cumplido su sueño de vestir la camiseta blanca. En Ciudad Real compartía equipo y vivienda alquilada con su hermano, el alquiler lo pagaban con el dinero que cada mes les enviaba su padre. Hasta que en el Albacete empezó a ganarse la vida sin la ayuda familiar, gracias a las 90.000 pesetas mensuales que le pagaba el club. 
«Nadie te regala nada», reconocía la semana pasada el exjugador del Real Madrid, en una charla coloquio, compartida con el periodista deportivo Javier Ares y con quien suscribe, para celebrar el 50 Aniversario del CD Sigüenza. Iván Helguera subrayó la importancia del sacrificio y el esfuerzo, recordando el trabajo que le costó alcanzar la titularidad en el Real Madrid. Pero tuvo la suerte de cruzarse en su camino con Vicente del Bosque, en su opinión, «una de las mejores personas que he conocido en mi vida». 
Frente a las butacas del auditorio de El Pósito, ocupadas por veteranos que defendieron la camiseta del CD Sigüenza en los años 70, por jugadores de la actual plantilla y por chavales de las escuelas deportivas, el exjugador del Real Madrid tuvo palabras de gratitud para los grandes amigos que aún conserva de su etapa en el CD Manchego. Recordó lo bueno que era el brasileño Ronaldo Nazário, habló de la gran personalidad y de la mala leche que tenía el argentino Fernando Redondo y explicó lo difícil que resulta colgar las botas, «cuando te crees el mejor del mundo», para emprender una nueva vida. 
Lejos de los focos y del espectáculo mediático que rodea a los fichajes millonarios de grandes estrellas, se esconde la realidad del fútbol modesto y se refugian los sueños de muchos de chavales que visten la camiseta del equipo de su ciudad. Desde hace ya medio siglo, en La Salceda, un estadio ubicado entre las vías del ferrocarril y el río Henares, cientos de chavales seguntinos han intentado emular a Iván Helguera y a otras estrellas del balompié. 
En la historia del CD Sigüenza aparecen algunos hitos importantes: el ascenso a Tercera División en 1999; la presencia de Alfredo Di Stéfano, siendo entrenador del Valencia, en La Salceda (marzo de 1973); la concentración de pretemporada del Atlético de Madrid, en el verano de 1976, con los Reina, Pereira, Panadero Díaz, Heredia, Leivinha, Ayala y Becerra… O cuando apareció por La Salceda Vicente del Bosque, al año siguiente de haber ganado el Mundial de Fútbol de Sudáfrica.
Ha llovido mucho desde que yo era juvenil y Aquilino Hernández, con boina y gabardina, nos daba indicaciones desde el banquillo. Casi 50 años. 
Eran otros tiempos, pero teníamos unos sueños parecidos.