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Cereal, vid y olivo: alerta por cambio climático

M.H. (SPC)
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COAG ha presentado el primer gran estudio divulgativo en torno a la evolución del clima y sus impactos en viñedos, olivares, cultivos herbáceos y dehesas. A día de hoy ya se está perdiendo un 6% anual del valor de la producción

Cereal, vid y olivo: alerta por cambio climático - Foto: Javier Pozo

Al estudiar los climas en la asignatura que antiguamente se llamaba ciencias sociales (con tanto cambio en las layes educativas ya no se puede estar seguro de nada), en España era el mediterráneo el que más superficie del mapa ocupaba. Aparte de las precipitaciones y temperaturas, también se explicaba a los alumnos cuáles eran los cultivos típicos de cada región climática y para el área mediterránea había tres que destacaban por su importancia económica sobre los demás: cereal, vid y olivo. Sin embargo, hoy estos estandartes de la zona mediterránea corren peligro por el calentamiento global, según una investigación publicada esta semana por COAG.

La organización agraria desvela que el cambio climático ya pasa factura al campo español: cada año se pierde el 6% del valor de la producción, más de 550 millones de euros. Así se desprende del primer gran estudio divulgativo en torno a la evolución del clima y sus impactos en nuestros viñedos, olivares, campos de cereal y dehesas, presentado por COAG. Bajo el título 'Empieza la cuenta atrás. Impactos del cambio climático en la agricultura española', el responsable del Departamento de Riesgos Agrarios de COAG y autor del estudio, Pablo Resco, ha hecho públicos los resultados más relevantes de sus años de investigación en torno a la literatura científica ligada a los efectos en el campo español del calentamiento del planeta.

Décadas de emisiones de gases de efecto invernadero han hecho que las consecuencias del cambio climático sean ya visibles. De hecho, se prevé que la temperatura media global aumente entre 1,5 y 2 grados centígrados para mediados de siglo, de acuerdo con los escenarios climatológicos futuros. Un sector tan importante en España como el agroalimentario (su contribución al PIB nacional es del 11%) sería de los más perjudicados por su elevada dependencia del clima. En este sentido, en las conclusiones del estudio se resaltan varios asuntos.

Cereal, vid y olivo: alerta por cambio climáticoCereal, vid y olivo: alerta por cambio climático - Foto: Alberto RodrigoEn primer lugar que, en general, un calentamiento global de 1,5 grados se traduciría en una bajada apreciable de los rendimientos y de la calidad de la producción en las zonas actuales de cultivo, pero más especialmente en las zonas más calurosas y áridas del sur peninsular. El estudio presentado por COAG estima que se podría llegar a perder más de un 10% de la superficie más apta para los vinos de calidad en toda España y un 80% de la superficie de variedades de olivo como hojiblanca o manzanilla en Andalucía; también podría llegar bajar en torno al 8% los rendimientos del trigo en España.

Si el incremento de la temperatura llegara a los 2 grados los daños podrían ser muy graves y podrían peligrar las dehesas de encina en la parte occidental de Andalucía o Extremadura; podría llegar a descender más de un 15% el rendimiento de cereales como el trigo en algunas regiones; la superficie de viñedo de alta calidad podría reducirse en un 20%; y en el caso del olivar, únicamente la variedad picual podría mantener los rendimientos en secano en las zonas interiores de cultivo. No obstante, a partir de un calentamiento de 2,5°C, incluso el rendimiento de esta variedad se resentiría de forma importante sin aportes de agua, que serían mucho más complicados de conseguir; además, las dehesas de encina podrían llegar a desaparecer en grandes zonas de la mitad sur.

Las mayores pérdidas irían asociadas al incremento del estrés hídrico en los cultivos debido al aumento de la evapotranspiración por la subida de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones. Este descenso iría acompañado de una mayor frecuencia de sequías, hasta 5 y 10 veces más alta si el aumento de las temperaturas supera los 1,5 o 2 grados. Además, las lluvias serían más intensas, lo que generaría erosión, y se concentrarían en épocas como el otoño, por lo que el agua sería menos aprovechable por los cultivos. Estos daños se podrían incrementar aún más por la mayor incidencia de plagas y enfermedades, que en el caso del trigo podría llegar a aumentar en un 60% las pérdidas de cosecha actuales si se juntan los efectos de un calentamiento de 2 grados con otras adversidades como las sequías, las olas de calor o las precipitaciones torrenciales.

Cereal, vid y olivo: alerta por cambio climáticoCereal, vid y olivo: alerta por cambio climático - Foto: Florentino Lara«Aunque algunos de estos efectos ya sean visibles, entender las consecuencias de los riesgos climáticos es la base para desarrollar estrategias de prevención del cambio climático y protección del mundo agrícola a base de financiación y políticas regionales, nacionales y comunitarias. Tomar acción hoy de forma urgente con el objetivo de mantener el calentamiento por debajo de los 1,5 grados es más eficiente y menos costoso. La prevención del cambio climático, por tanto, no sólo nos ayudará a proteger nuestra agricultura y economía, sino que también hará que un eterno verano no seque nuestra gastronomía, tradiciones, cultura e identidad» ha apuntado Andoni García, responsable de Acción Sindical de COAG.

En ese sentido, el autor del estudio, Pablo Resco, ha subrayado que «aunque existen medidas de adaptación que podrían amortiguar parte del impacto, éstas tienen una capacidad limitada que podría verse sobrepasada si no hay una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global y en todos los sectores». Asimismo, ha adelantado que los seguros agrarios, una de las piezas claves de la política agraria en España, podrían tener dificultades para ofrecer una cobertura asequible por el incremento del riesgo, «aspecto que se ha evidenciado en las dos últimas campañas ante la magnitud de los fenómenos climáticos adversos y extremos que han afectado a nuestra agricultura».

Una cultura en peligro. Esta amenaza para los cultivos más emblemáticos no solo supone un problema para aquellos que viven del campo, es decir, los agricultores, sino también para la sociedad en su conjunto, como apunta Andoni García. La economía (el aceite y el vino son dos de nuestros productos agroalimentarios más exportados), la salud, la gestión del territorio, la gastronomía, las tradiciones y la cultura mediterránea en su conjunto sufrirían un serio varapalo si se reducen las producciones de vino, aceite o cereal. Además habría que tener también en cuenta los efectos sobre la biodiversidad y los ecosistemas, ya que la agricultura es una herramienta más de gestión de estos espacios.

Pero las consecuencias de este calentamiento no van a ser iguales en todas partes, como tampoco pueden serlo las acciones a emprender para evitarlas en la medida de lo posible. Según el estudio de COAG, el diseño e implementación de estrategias de prevención debe responder a la diversidad de ambientes y condiciones climáticas en las que prosperan nuestros cultivos (y sus distintas variedades), y también a la variabilidad geográfica de las consecuencias del cambio climático.

Por lo que se refiere al olivar, se espera que se produzca un cambio en las zonas óptimas para su cultivo que afectará de manera diferente a cada variedad. La organización agraria prevé que, para variedades locales como Lechín, Manzanilla y Picudo, el área propicia para su cultivo se haya reducido en un 90% en el año 2050.

Los cereales constituyen la producción que más superficie ocupa en España, con unos seis millones de hectáreas. En Castilla y León, que aglutina un tercio de esta extensión, se espera que la media de temperatura aumente entre 1,6 y 2 grados en los próximos 30 años y las predicciones dicen que se perderá un 5% de rendimiento por cada grado de más, pérdida que podría agravarse debido a otros fenómenos como pedriscos, sequías o plagas. Para paliar estos daños habría que comenzar a plantearse cambios en las variedades a utilizar, modificaciones en las fechas de siembra y cosecha, cambios en el grado de mecanización o diferentes tipos de nutrientes y fertilizantes, aseguran desde COAG.

El viñedo puede ser otro de los grandes perjudicados. La calidad de las múltiples variedades del vino español está reconocida globalmente. Esta diversidad en variedades de uva y la calidad final del vino responde a las distintas condiciones ambientales del territorio nacional: suelos, regímenes de precipitación, variaciones térmicas diurnas y estacionales, frecuencia e intensidad de heladas…

En Castilla-La Mancha, la región del mundo con más superficie dedicada a este cultivo, las variedades que más se podrían ver afectadas por el cambio climático son las más tempranas, como Tempranillo o Chardonnay, que verían reducida la superficie óptima para vinos de calidad en un 50%. Aunque el viñedo es una planta fuertemente adaptada a las condiciones mediterráneas y que necesita déficits hídricos moderados para potenciar su calidad, el aumento eventos climáticos extremos como olas de calor, períodos de sequía más extremos o descenso de la precipitación pero cada vez más concentrada en lluvias torrenciales tendría efectos negativos en calidad y rendimiento, además de aumentar la erosión de los suelos.

La dehesa es un ecosistema único en el mundo moldeado por el hombre y su ganado durante siglos y constituye un ejemplo de gestión sostenible del medio. El aumento de la temperatura o la reducción de las precipitaciones podría derivar, por una parte, en una menor producción vegetal, y por otra en el agostamiento de la vegetación herbácea. Como consecuencia, esto podría reducir la capacidad de carga animal por unidad de superficie y provocar un posible déficit en la calidad de la dieta del ganado (menor digestibilidad, menor contenido en proteínas).

La pérdida de biodiversidad vegetal causada por la aridez se podría ver empeorada por un mayor riesgo de incendios, que favorecería el crecimiento de especies pirófitas y menos nutritivas para el ganado. Aunque el volumen de producción en dehesas no es comparable al de zonas de agricultura intensiva, la calidad de los productos y el impacto económico sobre la población local serían significativos y reconocidos. Prevenir las consecuencias del cambio climático no solo protegerá la explotación sostenible de las dehesas y sus beneficios sociales, sino también el ecosistema natural.

En resumen, según denuncia COAG, las grandes extensiones que ocupan los olivares andaluces se podrían ver mermadas, los campos de cereales castellanoleoneses podrían ver su producción reducida, los viñedos manchegos se podrían desplazar en dirección norte hacia zonas menos afectadas por olas de calor y las dehesas extremeñas se verán afectadas por la aridificación. A pesar de que predecir la magnitud concreta de los impactos del cambio climático en la agricultura es complejo, no hay dudas en cuanto a que afectará al paisaje agrario español.