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Portento taurino

Antonio Herraiz
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En una temporada normal, participa en más de 75 festejos taurinos por el campo. Este año vuelve a formar parte del equipo de pastores de los encierros de Guadalajara, ya como Fiesta de Interés Turístico Regional

Portento taurino - Foto: Javier Pozo

Hay una imagen de esta misma temporada que define a la perfección a Alberto López Rubio (Guadalajara, 1976). Está tomada en el encierro por el campo de Casas de Uceda, el pueblo de su familia materna. Se ve a Jano intentando sacar al toro de la carretera para devolverlo al rastrojo con la única defensa de un paraguas. Por si la escena no tuviera el suficiente riesgo, cita al animal completamente descalzo. «Fui a darle un quiebro y la zapatilla se quedó en el asfalto porque no la debía llevar muy apretada. Cuando fui a pegarle el segundo, para no perder el equilibrio, me quité la que tenía y encaré al toro ya sin ninguna zapatilla». Eso sí, sin soltar el paraguas. Este utensilio -que el resto lo utilizamos para resguardarnos de la lluvia-, se ha convertido en una de sus señas de identidad. «A principio de temporada compré 10 con la bandera de España y no me queda ninguno». En el campo abierto, es un elemento para llamar la atención del toro y también para hacer un quite en un momento de peligro. «Estamos intentando que en los encierros por el campo se respete cada vez más al animal y que, por tanto, haya menos coches. En mi caso, junto a los compañeros que me rodean, el paraguas es mi defensa». 

Alberto López es uno de los rostros más conocidos de los encierros por el campo que se celebran en la provincia. De media, antes de la pandemia, participaba en más de 75. Esta temporada se acerca ya al medio centenar. En el circuito de este tipo de festejos, nadie le llama por su nombre de pila. Jano es su referencia, el mote que ha heredado de su padre, Alejandro. Se crió en Torrejón del Rey y allí mamó la afición por los toros. Luego se trasladaron a vivir a Azuqueca, donde siguió cultivando lo que se ha convertido en su droga particular. «Siendo todavía menor de edad, cuando los encierros eran por el centro del pueblo, me colaba al recorrido a dar mis primeras carreras». En Azuqueca también tuvo su primer gran susto. En un festejo dentro de la plaza azudense, fue a pegar un recorte un día en el que estaba lloviznando. Al subir al estribo, resbaló y el toro le empotró contra el burladero. «Se cebó conmigo. Me rompió una costilla, me abrió la cabeza y me propinó dos serios varetazos del codo al hombro y otro de la rodilla hasta la ingle. Afortunadamente, no me clavó. Un gran aficionado de Valdesaz, Ángel, se enganchó al rabo y consiguió quitarme el toro de encima, aunque la paliza fue importante».

Su gran fortaleza física le ha permitido sortear numerosas cogidas graves. Jano es un gran deportista que va a empezar una nueva temporada con el equipo de veteranos del Club Deportivo Guadalajara. También compartió vestuario con los veteranos del Real Madrid en una experiencia apasionante que le permitió jugar durante cinco años con Hierro, Míchel, Fernando Redondo o Butragueño. En verano, practica la natación a diario y monta en moto de campo cada semana. También ha jugado al frontenis y le gusta subirse a la bicicleta. «No puedo vivir sin el deporte. Es una forma de vida que te mantiene bien físicamente y que te permite gastar la adrenalina en el día a día». Y Jano tiene altas dosis de esta carga emocional. Todo esto lo compagina con su trabajo como técnico de mantenimiento en la empresa Lactalis. «Cuando te ven en todos los encierros, muchos preguntan: «¿No trabajas nunca?». Es cuestión de organizarse. Si tienes turno de noche, puedes ir a cualquier encierro por la tarde». Lo de dormir mucho, intuyo que no va con él. 

Estos días de ferias veremos a Jano ejerciendo de pastor en los encierros de Guadalajara, que estrenan la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional. El trabajo de esta decena de aficionados es fundamental para el buen desarrollo del festejo. Son toros que luego se van a lidiar en la corrida de por la tarde y la prioridad es que ningún animal resulte dañado. «Hay gente que esto no lo entiende. Los toros se corren las ocho de la mañana porque se van a torear por la tarde y de lo que se trata es que la carrera sea lo más limpia posible para que los animales entren en los corrales sin ningún problema». Jano pilla el relevo al inicio de la calle Capitán Arenas. Salvo que algún toro quede rezagado, es capaz de entrar detrás de la manada, lo que confirma que es un portento físico y un gran conocedor del comportamiento de los astados. Los encierros de Guadalajara están en las mejores manos.