Editorial

El nuevo plan anticrisis contrasta con el excesivo optimismo de Sánchez

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El autocomplaciente triunfalismo en materia económica de Pedro Sánchez en su balance del año dista mucho del que hace la mayoría de ciudadanos, lo que acaba estropeando y deformando incluso aquellos aspectos en los que el Gobierno podría darse por satisfecho. Escuchando al presidente se podría pensar que España no tiene ningún problema y son múltiples los indicadores que desmienten ese idílico edén. Arrancamos el curso con vaticinios de tragedia económica y despedimos el año vislumbrando que los riesgos de recesión se disipan. Tan cierto eso como que España ha logrado capear mejor que nuestros socios europeos los peores augurios de la crisis energética desatada por la guerra en Ucrania. Con el tope al gas de la excepción ibérica, y el viento de cara de las renovables, se puso un freno de emergencia. Pero la situación de fondo sigue siendo grave. La escalada de precios afecta ahora principalmente a la cesta de la compra y ello castiga especialmente a las personas con menos poder adquisitivo. La grandilocuencia del alegato presidencial no logra ocultar una inflación subyacente muy por encima de la media europea, ni el estratosférico 15,3% de incremento del precio de los alimentos.

Urgían nuevas recetas para frenar los encarecimientos de algunos productos y ahí intenta atacar el tercer paquete de medidas que aprobó ayer el Consejo de Ministros. Descartada la ocurrencia de topar precios en los supermercados por su riesgo distorsionante, sí se incluye una rebaja durante medio año del IVA de los alimentos más básicos, aunque algo más descafeinada de lo esperado. Habrá también un 'cheque-comida' de 200 euros para las familias más vulnerables. Es preciso extremar la vigilancia para que la rebaja del IVA se traslade cuanto antes a los precios, no vayan a estar tentados algunos a la picaresca, como se sospecha que ha podido pasar en ocasiones con el descuento de los combustibles que ahora desaparece de manera generalizada, con los riesgos inflacionistas que ello también implica. 

El tiempo dictará si estas medidas son tan insuficientes como vaticina un PP que vuelve a adelantarse al Gobierno en las propuestas económicas, pero que sigue peleado con la coherencia argumental en esta materia. Es cuando menos incongruente reprochar que esto sea propaganda y otro despilfarro del presidente en año electoral, mientras se afea que las medidas aprobadas se quedan cortas. Tanto como votar en su día contra el descuento de los 20 céntimos en los carburantes y ahora exigir que se mantenga. En principio, parecen medidas que servirán para aliviar la inflación, beneficiarán a las rentas más bajas y serán transitorias, de manera que no afectan al déficit estructural y no generan conflicto con Bruselas. Pero ni estas ni las anteriores son para ponerse tantas medallas, que más merecerían exhibirse en la pechera de las exiguas economías domésticas de muchas familias españolas.