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Guardián de nuestra historia

Antonio Herraiz
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El Archivo municipal de Guadalajara custodia la evolución de la ciudad con un patrimonio documental de incalculable valor. El 9 de junio celebra una jornada de puertas abiertas con motivo del Día Internacional de los Archivos

Guardián de nuestra historia - Foto: Javier Pozo

El rey de Castilla Enrique IV otorgó a Guadalajara el título de ciudad el 25 de marzo de 1460. Han pasado más de cinco siglos y ese documento lo puedes consultar en el Archivo municipal. Resulta interesante analizar la ortografía de un texto que no es, ni mucho menos, el más antiguo que podemos encontrar. En 1260, Alfonso X concede a Guadalajara un privilegio para organizar una feria de 16 días de duración en torno a la festividad de San Lucas. Se unía a la feria de Pascua, lo que confirma a la ciudad como una de las poblaciones más importantes de la corona de Castilla y también una de las más feriadas. ¿Estamos ante un depósito que guarda solo documentos muy antiguos? “Para nada. En el Archivo queda recogida toda la actividad del día a día de la ciudad. La que generan los propios ciudadanos. Desde el empadronamiento de un nuevo vecino o el registro de un matrimonio hasta la matriculación de un vehículo o la licencia para un proyecto urbanístico”. Me lo explica David Martínez Vellisca (Valencia, 1978), al frente del Archivo desde la repentina muerte de Javier Barbadillo en octubre de 2019. «Esos documentos más antiguos son muy apreciados. Aun así, la utilidad de nuestro servicio se centra en ofrecer al ciudadano la posibilidad de consultar cualquier acontecimiento que haya ocurrido en Guadalajara a lo largo de su historia, ya sea extraordinario o más doméstico». A esto hay que añadir las donaciones con fondos privados. En los últimos años, han recibido el legado de la agrupación teatral Antorcha o el orfeón Santa Teresa; más antiguos son los tesoros del Ateneo Caracense y centro Volapükista español. Entre la documentación privada se encuentra la que dejó Eduardo Guitián o Pepito, José Montes Ortiz. 

El Archivo es una pieza clave dentro del engranaje municipal de toda población con cierta entidad. Cuando Vellisca llegó al Ayuntamiento de la capital ya acumulaba unas cuantas horas de vuelo en la gestión documental. En 2003, asumió el Archivo de Horche, un municipio que nunca antes había contado con esta figura. «No había base de datos y hubo que empezar de cero, analizando todas las cajas de documentos para registrarlos uno a uno. Estamos hablando de que había controladas unas 400 cajas cuyo contenido desconocía». Siempre te encuentras sorpresas. «Había documentos de la construcción de la iglesia de Horche anteriores a 1500, de capellanías y otros de gran interés que fueron destruidos o están desparecidos». Aquellos primeros años de actividad profesional los compaginó con el trabajo en el Archivo de Almonacid de Zorita, un pueblo que también estrenaba archivero. «Aunque el tamaño era menor y las necesidades muy diferentes a las de Horche -en pleno boom urbanístico-, tiene documentos muy interesantes e incluso pergaminos». 

David estudió Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el doctorado centrándose ya en historia moderna. Eso le ha permitido descifrar documentos escritos dentro de lo que, de forma excesivamente genérica, se denomina como castellano antiguo. «Está la escritura cortesana, la letra procesal, la letra capitular, también la procesal encadenada, la terrible letra que nos esperábamos en las oposiciones y que era extremadamente difícil de leer». Se bautizó profesionalmente en la catedral de Cuenca, en un proyecto de especial recuerdo para él porque tiene sus orígenes familiares en el municipio conquense de Cañizares. Después pasó por el Archivo histórico provincial de Guadalajara y por la biblioteca provincial. 

Su llegada al Archivo de Guadalajara tuvo un sabor agridulce. La satisfacción que le provocó afrontar un reto tan exigente chocaba con la repentina muerte del que había sido uno de sus principales maestros. «Todos los que nos dedicamos a la gestión documental en las últimas décadas, hemos bebido de sus conocimientos». Ahora, lleva con orgullo la herencia que le dejó Barbadillo y que labró junto al resto de profesionales del servicio. Los retos son inabarcables: acercar el Archivo al ciudadano, intensificar el proceso de digitalización y terminar por adaptar la administración electrónica.