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Javier del Castillo

Javier del Castillo


Eurovisión no era esto

07/02/2022

Produce sonrojo y vergüenza ajena que un tema menor, como es el de la canción de Eurovisión, se haya convertido en un debate nacional. Produce bochorno ver a diputados elegidos para trabajar por el bienestar general de los españoles pidiendo la comparecencia del presidente de la Corporación de RTVE, conminándole a que explique las razones y argumentos que tuvo en cuenta el jurado a la hora de elegir a la cantante Chanel y no a la cantante Rigoberta Bandini. 
No conozco a ninguna de las dos, ni tampoco sabía de la existencia del Benidorm Fest (me quedé en el Festival de Benidorm a secas, que lanzó a la fama a Raphael, Emilio José, Julio Iglesias, Juan Erasmo Mochi, Roxana o Dyango), ni me atrevo a valorar sus actuaciones porque no las vi en la final emitida por TVE, aunque sí a posteriori para hacerme un poco a la idea y saber de qué iba la cosa.
El Festival de Eurovisión nació en 1956 como un concurso anual de hermanamiento musical y canción melódica, al que podían concurrir las televisiones adscritas a la Unión Europea de Radiodifusión. Tiene, por tanto, 66 años de vida y a él ha concurrido puntualmente TVE, con alguna fortuna, bastantes decepciones y muchas sorpresas. 
Hemos ganado un par de veces – Massiel en 1968 y Salomé en 1969, compartiendo el triunfo con otros tres países -, hemos estado a punto de conseguir el primer puesto en varias ocasiones, con Conchita Bautista y Mocedades, si no recuerdo mal, pero en la mayoría de las convocatorias nos hemos quedado por debajo de la mitad de la tabla o en la cola.La mayoría de las veces hemos concursado en Eurovisión sin pena ni gloria. Y, con el paso de los años, lo que más nos ha preocupado ha sido volver a repetir el «zero points» de Remedios Amaya en 1983. Aunque la culpa de aquel naufragio – recordarán que la canción se titulaba ¿Quién maneja mi barca? – no la tuvo la excelente cantaora sevillana, sino los directivos de TVE que la eligieron para demostrarle a Europa lo orgullosos que estábamos los españoles de nuestro flamenco. 
Este fue uno de los hitos más importantes y recordados de España en Eurovisión. Recuerdo, por cierto, que uno de aquellos directivos de la etapa de Calviño me dijo: «y si no les gusta la canción, que se j…». Otro hito destacado lo marcó la aparición de Rodolfo Chikilicuatre con su guitarrillo en el escenario (2008).  
Si José Luis Uribarri levantara la cabeza, volvería a esconderla para no tener que contemplar el lío que se ha armado este año con la elección de la cantante de origen cubano Chanel para representarnos en Turín el próximo 14 de mayo. Ni siquiera Uribarri, que sabía de antemano cuántos puntos nos iba a dar cada país en función de intereses políticos o comerciales, sería capaz de explicar ahora a la audiencia las razones que han podido llevar a la sección de CCOO en RTVE a pedir que se explique «de manera urgente, cómo y quién seleccionó al jurado de Benidorm Fest». Átame esa mosca por el rabo.
Tampoco entendería, seguramente, Uribarri que el desprestigiado y anacrónico Festival de Eurovisión pudiera generar tanta polémica, tanto debate absurdo y tanta atención de políticos desocupados, incluida la ministra de Igualdad, para la que cualquier excusa es buena si le sirve para denunciar públicamente supuestos contenidos machistas o micromachistas en cualquiera de las distintas facetas humanas. 
Parece que algunos han descubierto ahora que las canciones de Eurovisión también tienen mensaje.