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María Antonia Velasco

María Antonia Velasco


Falocracia

20/12/2021

La falocracia es un nombre que simboliza el pene como cetro del varón y explica su tradicional dominio machista sobre la mujer dentro de la estructura llamada patriarcado. Si el culto al falo simboliza la supremacía del macho, nada más expeditivo para la mujer agraviada que coger un cuchillo y llevarse ese muñeco por delante.
 Voy a recordar el famoso caso de Lorena Gallo que en una noche de junio de1993 en su casa de Manassas (Virginia) cortó el pene a su marido John Bobbit mientras éste dormía. Lo hizo para defenderse del trato vejatorio hacia ella, con continuas violaciones, malos tratos y desprecios. 
Lorena era una ecuatoriana de aspecto frágil pero voluntad decidida y John un marine de cuerpo atlético cuya primera acción de violencia de recién casados fue mientras conducía borracho y ella le pidió que se detuviera, él respondió golpeándola. 
Un cuarto de siglo después, se estrenó una serie titulada Lorena, donde se cuenta lo que pasaba en la vida de ambos. El relato revisa con perspectiva de los tiempos Me Too, lo mal que se abordó en los tribunales ese caso de violencia machista cuando acababa de aprobarse en los 50 estados de la Unión un delito de violación dentro del matrimonio. 
Al marido le fue cosido el miembro sin grandes secuelas físicas, y continuó acechando a Lorena por correo electrónico y cartas. Y a cualquiera otra mujer que se pusiera por delante, entrando luego con escaso éxito en la industria del porno.
Dos juicios hubo sobre el caso. En el primero se encausa a John por agresión sexual y John se declaró inocente aunque reconoció haber empujado a su mujer en dos ocasiones en su propia defensa. Cosa increíble pues la relación de peso en kilos de una a otro era de 43 a 90.
Pero los testimonios de Lorena fueron insuficientes ( «John es un egoísta porque siempre tiene un orgasmo y no espera a que yo pueda tener el mío.») y el acusado fue declarado inocente 
El segundo juicio tuvo lugar dos meses después. Ahora Lorena es juzgada por agresión. Muchos vecinos fueron testigos de los malos tratos, y amigos de él, que contaron que su vez él les había dicho que le excitaba forcejear con las mujeres. Fue decisiva la pregunta de una de las testigos que dirigiéndose al Tribunal inquirió: «¿qué tiene más valor para ustedes, un pene o una vida?»
Gallo fue declarada no culpable por haber actuado bajo un estado de «perturbación mental temporal". Pero el juicio suscitó toda clase de bromas y chistes de mal gusto a propósito de aquella... «salchicha» en litigio. En una entrevista en The New York Times, reflexionaba «fui objeto de tantas bromas en los años 90 que para mí fue sencillamente cruel»…  Lorena se volvió a casar y tiene una hija y fundó una sociedad para defender a las mujeres del mal trato.
Voy a terminar la historia con un caso paralelo pero de final opuesto. En 2011 Catherine Kieu, una mujer de California, cortó el pene de su esposo y lo tiró a un triturador de basura para que no pudieran reimplantárselo. Este acto «impulsivo», como describió ella, e irreversible, le ha valido la pena de la cadena perpetua. En conclusión, el falo sigue siendo un objeto sagrado y antes de empuñar el cuchillo hay que pensárselo dos veces.