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«El movimiento obrero en Guadalajara está en retroceso»

Beatriz Palancar Ruiz
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Es militante sindical desde su adolescencia y está inmerso en la investigación del movimiento obrero en Guadalajara, ahora preparando su nuevo libro

Enrique Alejandre está comprometido con la investigación histórica de Guadalajara. - Foto: Javier Pozo

Está jubilado de su trabajo como personal de mantenimiento del Centro de Atención a personas con discapacidad física (CAMF), pero todo su afán es investigar y publicar todo lo relativo al movimiento obrero en Guadalajara. Enrique Alejandre (Madrid, 1956) está vinculado con Torija, el pueblo de sus padres al que llegó a los 15 días de nacer, y vive en Guadalajara desde que tenía 13 años. Está afiliado a Comisiones Obreras y a Izquierda Revolucionaria. Y como se desprende de sus palabras, disfruta muchísimo con esta labor investigadora que desarrolla en las fundaciones del PSOE, del PCE, de la CNNT, archivos municipales y provinciales de Guadalajara y Madrid. 

Hace un año, se editó la tercera edición del libro El Movimiento obrero en Guadalajara, en el que se amplía el periodo de estudio de 1868 a 1854, ¿por qué esta revisión?

Intuía que mi libro no se podía limitar al periodo de años que comprenden las anteriores ediciones. Un día, casualmente, puse la palabra botín en Google y me apareció un texto de un periódico de 1856. Se habla de los botines que hubo por la subida del pan en Brihuega, Sigüenza y Guadalajara. Estuve investigando dos años más y descubrí que hubo una insurrección obrera en Hiendelaencina en 1854, justamente, en el mes en el que comienza la revolución progresista que es reprimida por el Ejército y la Guardia Civil. Hasta entonces, nadie sabía nada de esto. Me corresponde el mérito de haber hecho este hallazgo para la historiografía provincial. 

Enrique Alejandre está comprometido con la investigación histórica de Guadalajara.Enrique Alejandre está comprometido con la investigación histórica de Guadalajara. - Foto: Javier PozoDesde su perspectiva, ¿el movimiento obrero a finales del siglo XIX y principios del  XX fue destacado en Guadalajara?

Se tiene el estereotipo de que antes de la Guerra Civil, las luchas obreras se circunscribían a País Vasco, Cataluña, Madrid, Valencia y Andalucía. Si se profundiza en la historia de la provincia, uno verá que el movimiento obrero ha sido mucho más amplio. Incluso en algún periódico como La Crónica sí se destaca que el movimiento en Guadalajara ciudad es muy amplio. Mucho más de los que nos hicieron creer. Especialmente, a principios de siglo y en los años de la Segunda República.

¿Cuáles fueron las principales características del movimiento obrero y qué logros consiguieron? 

Las principales características venían dadas por las condiciones de vida y trabajo tanto de los obreros del campo como de la ciudad. Una lucha fundamental era contra el paro y otra contra el pan. Las mujeres tuvieron un papel muy importante por todos los motines que hicieron contra el aumento del precio del pan que, además, venía adulterado, falto de peso. También por los impuestos de consumos. Y de manera general, por el aumento del salario.

¿Cree que la lucha de clases ya no se entiende como hace un siglo?

En España, desde los años 70 hasta 1993, y hasta que vino la crisis de 2008, aparentemente, se había superado la lucha de clases y se decía que los trabajadores eran clase media. La perspectiva del cambio social y de la revolución era algo antiguo. Lo que nos ha traído esta crisis que empezó en 2008 y se ha profundizado en 2020, ha sido el empobrecimiento de la clase obrera. Con lo cual, en esencia, las condiciones y la lucha siguen siendo las mismas. Ahora, también hay que reivindicar el empleo y mejores jornales. 

¿Considera que hace un siglo existía un movimiento obrero más cohesionado en Guadalajara?

Ahora, la sociedad es más diversa. Hay distintas capas dentro de la clase obrera y eso hace que no sea tan unido como hace cien años. Pero considero que la clase trabajadora, en este país como en otros, es la clase que tiene más cohesión.

¿Ve similitudes entre la situación económica y social de la época de su libro con la actualidad?

Creo que se están cuestionando todas sus instituciones, desde la Monarquía a los sindicatos, pasando por todo lo que hay entre medias, por cada vez más personas. 

¿Cómo era Guadalajara en el momento de estudio del libro?

La provincia tenía una sociedad predominantemente campesina, pobreza en los pueblos, atraso, hay que tener en cuenta que los métodos de cultivo y el utillaje permanecía, prácticamente, invariable desde los romanos. Dentro de este mar campesino había algunas pequeñas islas de prosperidad que, fundamentalmente, eran las minas de Setiles y Hiendelaencia o de algunas industrias como la Hispano Suiza o La Pizarrita en Guadalajara, las fábricas de cementos de Matillas o de resinas de Mazarete y el salto de Bolarque.

De aquello, ya no queda nada.

No, no queda nada. Pero tampoco de la industria que se creó en los años 70. Ya no está Lovable, ni Brexel, Paulino Moreno, Filtrona… Hoy, parece como si se hubiesen puesto todos los huevos en la misma cesta, hay un monocultivo con la logística.

¿Está trabajando en un alguna nueva investigación que se acerque más a la época contemporánea?

Ir para atrás me gusta mucho pero siento la responsabilidad de hacer un libro sobre el movimiento obrero a partir de la Guerra Civil. Estoy recopilando materiales. Por dar un anticipo, estoy elaborando la parte de cómo era la economía de la provincia de Guadalajara en los primeros cuarenta años del franquismo, hasta 1959, desde ese año que se anuncia la industrialización de Guadalajara hasta 1978. He recopilado pero no tengo más escrito. 

¿Cómo calificaría el momento que atraviesa el movimiento obrero de Guadalajara en estos momentos?

Es una situación de reflujo. No hay luchas. Pienso que una responsabilidad muy grande la tienen los sindicatos mayoritarios porque, desde hace décadas, quieren el entendimiento con el empresario a cualquier precio y se han olvidado de la movilización en la calle. La historia del movimiento obrero, si algo demuestra, es que si no luchas y no hay movilización en la calle, paros y huelgas, no se consigue nada. Ahora mismo, el movimiento obrero en Guadalajara está en retroceso. 

¿Tiene la sensación de que la precariedad laboral, la igualdad salarial y la falta de conciliación serán dos fenómenos a estudiar para las generaciones futuras?

Ya hay sociólogos que han estudiado el fenómeno de la precariedad y lo que conlleva de división para la clase trabajadora. Hay una aristocracia obrera, los trabajadores bien pagados que están en las grandes fábricas y son la base de los sindicatos, y luego hay otro factor que cada vez es más mayoritario que tiene condiciones precarias. Los jóvenes, siendo la generación más preparada, están precarizados. Creo que los sindicatos tienen una responsabilidad en que se haya establecido esta división porque, muchas veces, no han prestado la suficiente atención a las condiciones de trabajo de los más débiles. 

¿Qué cambios cree que deberían adoptar para adaptarse a la situación actual?

Los sindicatos pasan por distintas fases. En España, lo que hemos visto es que, tanto UGT como Comisiones Obreras, eran luchadores y reivindicativos pero se han plegado a las exigencias del poder y hoy no practican los métodos de lucha de la clase obrera. Apenas hay huelgas, no hacen asambleas para informar, las manifestaciones que se convocan son mínimas. Esa es la realidad. Los sindicatos deberían tener un giro a la izquierda para volver a ser útiles, realmente, para la clase trabajadora.

¿Cree que eso hace que los trabajadores no se sientan representados?

Pienso que para conseguir una mínima cantidad de gente notable hay que trabajárselo. No se pueden hacer manifestaciones como un rito con cuatro carteles y cuatro correos electrónicos. En otros tiempos, el Primero de mayo se convocaba colgando carteles y repartiendo octavillas en las fábricas. Esto es porque los sindicatos se han burocratizado y no movilizan a la gente.